La Haya, entre bicicletas y la modernidad

Listin Diario                                                                      31 de  Mayo 2017


  • La Haya, entre bicicletas y la modernidad
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Néstor Medrano
nestor.medrano@listindiario.com
Reino de los Países Bajos
Quien no anda en bici en este país, no es holandés. Eso me dijo Ricardo Seijas, el primer secretario de la embajada dominicana aquí.
En Holanda, calles emblemáticas de ciudades como La Haya, Ámsterdam, Róterdam, son surcadas cada día por hombres y mujeres que se desplazan en bicicleta a sus lugares de trabajo; jóvenes y adolescentes, a sus centros de estudios, en una rutina tan enraizada, que forma parte de su idiosincrasia. La bici forma parte de la identidad de los holandeses. Hay carriles expresos para ellas. En cada lugar. Confluyen con los automóviles, se entrecruzan con los tranvías y los autobuses, uno las ve estacionadas en parques, apostadas en lugares públicos.
 Ejecutivos de empresas privadas, hombres y mujeres, atraviesan las calles con sus maletines, hablando por el móvil o simplemente paseando. Es una cosa tan seria en este país, quinta economía de la zona euro, líderes en tecnología de punta en todo lo que tiene que ver con el tema agua, que en el año 2014 los holandeses celebraron el año de la bicicleta, con una fiesta nacional.
Se enorgullecen de algo: no existen montañas, todo es plano, lo que favorece mucho sus recorridos de largas distancias. Las calles de La Haya tienen una vida que se siente. Una vida tan peculiar, que mezcla la solemnidad de ser sede del Palacio de la monarquía, el parlamento, las estructuras del gobierno de los Países Bajos, con la dinámica de un tráfago indetenible de gente que camina de un lugar a otro y que se escurre entre lo clásico de un país de raigambre histórica y de modernidad de metrópolis.
También, algo importante, desde allí opera el Tribunal de La Haya. En el centro de La Haya es habitual que  los trenes del transporte urbano se encuentren en las vías con los orgullosos conductores de bicicletas, lo mismo que con quienes andan a pie. Las zonas peatonales están bien delimitadas y al cruzar de un lado a otro, quien camina debe mirar hacia todos lados, pues, automáticamente se adentran los caminantes en los carriles para las bicis.
En el recorrido nos sorprendieron los automóviles, cargando electricidad, como si se tratara de cualquier enorme celular regenerando sus baterías. Reciben kilowatts de energía directa y kilowatts de energía alterna y las hileras que se forman para recargar constituyen todo un espectáculo para los de estos lados insulares, como República Dominicana.
Sorpresa y expectación causa el edificio del Parlamento, con su legendaria Sala de los Caballeros, la plaza interior que permite el acceso libre a quien desee admirar la belleza arquitectónica sin par. El  escaso tiempo de una visita relámpago nos permitió impregnarnos de una arquitectura clásica, que en algunas ciudades como Róterdam, bombardeada en la primera etapa de la segunda guerra mundial, se vio precisada a reconstruir, dejando atrás lo que fue su estructura física original.