La máquina

Listin Diario                                      09 de  Junio 2017


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KEVIN CABRAL
kevcabral@hotmail.com
Mike Trout fue la figura central de mi columna anterior. En las primeras horas del pasado domingo, concluí que tocaría escribir por segunda semana consecutiva sobre un jugador de los Angelinos de Los Angeles en Anaheim, en este caso el dominicano Albert Pujols.
Esa madrugada, Pujols engarzó un lanzamiento de su compatriota Ervin Santana y se convirtió en apenas el noveno jugador en la historia que llegaba a 600 cuadrangulares de por vida y primero que lo hacía con un batazo con las bases llenas.
Unos 19,000 jugadores han participado en las Grandes Ligas desde su inicio. Apenas el 0.05% ha alcanzado la cifra de 600 cuadrangulares. El nuestro está en la élite de la élite, junto a Bonds, Aaron, Ruth, Alex, Mays, Griffey, Thome y Sammy Sosa. Es posible que el hecho de que seis jugadores han ingresado al club en los últimos 15 años provoque algo de indiferencia con relación a la hazaña, pero los números no mienten.
Mientras seguíamos los pormenores del momento histórico de Pujols, nos vino a la mente una anécdota que narró hace años Mike Macfarlane, antiguo receptor de Grandes Ligas y posteriormente comentarista de la cadena ESPN.
Macfarlane era propietario de un negocio de jaulas de bateo en el área de Kansas City, donde residía Pujols. En la temporada muerta entre 2000 y 2001, esas jaulas eran visitadas diariamente por un joven que llegaba silenciosamente, bateaba hasta el cansancio en busca de progresar en su oficio y luego se marchaba a casa.
Macfarlane quedó impresionado por la habilidad, pero sobre todo por la capacidad de trabajo de aquel prospecto.
Meses después, luego de que Pujols quemara los entrenamientos en 2001 y se quedara sorpresivamente en Grandes Ligas con los Cardenales, Macfarlane pudo identificar el rostro viendo un juego del equipo de St.
Louis. El muchacho que trabajó hasta la saciedad en sus jaulas no era otro que Albert Pujols.
Si vamos a identificar las razones del éxito del dominicano, es posible que la combinación de habilidad con trabajo arduo sea el mejor punto de partida. Esa fue la fórmula que le permitió evolucionar de prospecto virtualmente desconocido a seguro inmortal.
Todo comenzó en esa primavera de 2001, cuando Pujols convenció al manager Tony LaRussa a base de puros batazos que no buscaba nada en ligas menores.
Sus números de novato, .329/.403/.610, con 37 jonrones, 130 carreras remolcadas y WAR de 7.2 fueron la mejor demostración de que dejarlo “arriba” fue la decisión correcta.
Así se comenzó a construir posiblemente el mejor inicio de carrera en la historia del juego, si medimos lo que Pujols hizo en sus primeros diez años con el equipo de St. Louis. Entre 2001 y 2010, bateó .331, promedió 41 cuadrangulares por temporada, agregando un OBP de .426 y Slugging de .624. Su producción le permitió llevarse la triple corona de la década, terminando ocho veces en el “Top Three” en las votaciones para el premio de JMV.
Todo eso de un jugador que fue la selección 402 del sorteo de novatos de 1999 luego de salir del Maple Woods Community College de Kansas City, institución pequeña completamente desconocida en el mundo deportivo.
Lo que hizo con el uniforme de los Cardenales ha posicionado al dominicano para alcanzar unas metas notables.
Con los 600 jonrones y 600 dobles en el bolsillo, el 2018 podría ser el año para llegar a 3,000 imparables y 2,000 carreras remolcadas. Para finales de esa temporada, estaría rondando las 1,800 anotadas.
Y claro, luego está la posibilidad de los 700 cuadrangulares, cifra que sólo Bonds, Aaron y Ruth han logrado en la historia. Pensando que el tres veces Jugador Más Valioso tendrá cuatro años de su contrato aún pendientes al terminar la actual estación, no apostaríamos en su contra.
Es obvio que, desde hace tiempo, Albert Pujols no es el mismo bateador que vimos en St. Louis. Desde que llegó a Anaheim, presenta promedios de .265/.323/.469, mostrando las consecuencias del paso de los años y de las constantes lesiones que ha sufrido en las extremidades inferiores, siempre vitales para el éxito de un bateador.
Sin embargo, los números de poder han sido sólidos, promediando 29 cuadrangulares y 98 remolcadas por temporada en su época con los Angelinos, a pesar de que en 2013 sólo pudo ver acción en 99 compromisos.
Seamos conservadores y digamos que concluya esta temporada con 25 cuadrangulares. Le restarían en ese caso 84 vuelacercas para llegar a la mágica cifra, o un promedio de 21 por campaña durante el resto de su contrato. Es un ritmo que luce factible, pendiente a las condiciones físicas de Pujols. Hoy en día es poco frecuente ver a jugadores de la edad actual del dominicano (37 años) jugar regularmente en Grandes Ligas. En este caso, estamos pidiendo cuatro temporadas más.
En otras palabras, estamos en el terreno de lo impredecible.
Pero con la habilidad, experiencia y ética de trabajo de “La Máquina”, todo es posible.