Los 'niños del castellano' catean el doble que los catalanoparlantes

Listín Diario                                                                                       14 de Octubre 2017

Según el informe PISA 2015, los alumnos castellanoparlantes de Cataluña parecen, digámoslo suavemente, mucho menos avispados que los catalanoparlantes. El fracaso escolar de los niños que tienen el castellano como lengua materna es el doble que el de los catalanoparlantes. En concreto, el doble en Matemáticas (20,3% frente al 10,1%), en Lectura (18,3% frente al 8,2%) y en Ciencias (18% frente al 8,1%).
Ítem más: el fracaso escolar es 9 veces mayor entre los que repiten dos cursos. Es decir: por cada birrepetidor catalanoparlante hay nueve hispanoparlantes (89,6% frente al 10,4%). Son datos PISA citados por Convivencia Cívica Catalana. La cuestión es evidente: ¿son los niños que tienen el castellano como lengua madre más torpes que los otros? Y por ende, por elevación: ¿son los catalanes -así en general- el doble de listos que el resto de españoles? «Lo que sucede es que todos, unos y otros, estudian en una sola lengua: el catalán. Y obviamente los resultados de los catalanoparlantes son mucho mejores», contesta Mercé Vilarrubias, lingüista, profesora y especialista en bilingüismo, autora del libro Sumar y no restar (Montesinos).
Otro dato evidencia lo determinante de la inmersión en esta comparativa: los castellanoparlantes de Cataluña fracasan, por ejemplo en Ciencia, un 18%. El porcentaje en Madrid es del 11,4%, en Navarra del 11% y en Aragón del 12,6%.
El corolario de esto es evidente en el proyecto catalán de construcción nacional e ingeniería social: «Las élites serán catalanoparlantes de base, las mejores oportunidades serán para ellos porque la inmersión lingüística les facilita el éxito académico y un mejor aprendizaje», sostiene Jesús Sanz, ingeniero y responsable de Estudios de Convivencia Cívica, una de las escasas organizaciones que han clamado durante años en el «desierto de la incomprensión», explican ellos, contra los efectos del «monolingüismo» en los colegios.
A continuación, las conclusiones, basadas en el estudio PISA (Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos de la OCDE), del informe realizado por esta organización catalana: «No es arriesgado decir que la desigualdad educativa entre castellanohablantes y catalanes introducida por la inmersión lingüística en Cataluña se plasma también en una desigualdad profesional y social entre la población, quizás deseada de forma voluntaria por algunos ingenieros sociales del nacionalismo catalán».
Desde la Ley de Normalización Lingüística de 1983, en Cataluña se estudia 100% en catalán salvo las asignaturas de otras lenguas (como castellano o inglés por ejemplo). España salía entonces de un Franquismo que había reprimido toda identidad que no fuera la castellana y el péndulo de la Historia se fue al otro extremo.
El programa ideológico de Convergència i Unió llamaba en 1990 a «impulsar el sentimiento nacional catalán de los profesores, padres y estudiantes». La inmersión lingüística del total de colegios de Cataluña se consiguió, asumen expertos de uno y otro bando, hacia mitad de los años 90. Un par de decenios después, el pasado 1 de octubre, las votaciones del referéndum ilegal por la independencia se producían precisamente en los colegios de toda la región. Ya no metafórica, sino muy realmente, la educación se había convertido en un campo de batalla cultural y social de nacionalistas contra no nacionalistas. Según un estudio del sociólogo Alberto Penadés, de la Universidad de Salamanca, los profesionales catalanes de la enseñanza son los más independentistas del arco laboral catalán.
«Sin embargo, la realidad es que no han conseguido su objetivo», dice Vilarrubia, catedrática de Lengua Inglesa en la Escuela Oficial de Idiomas de Drassanes de Barcelona. «Hay una parte de la sociedad que rechaza ese monolingüismo en la escuela: muchos niños que tienen el castellano como lengua paterna pasan por todo el sistema educativo y siguen hablando castellano en casa y fuera de ella porque hay un rechazo que yo denomino afectivo. No entienden que se les imponga el catalán en el colegio, que se les obligue a dejar la lengua que les vincula con su madre, con sus emociones. Eso no une ni cohesiona, como asegura el nacionalismo. Eso fractura, rompe. El nacionalismo no ha conseguido su objetivo de catalanizar por completo, porque así lo dicen las cifras, pero sí ha conseguido generar frustración y división. Ha funcionado en entornos catalanohablantes, en los que ha calado el mensaje de que España les ataca, pero no en los más castellanos, como el cinturón de Barcelona. En vez de aprovechar nuestra riqueza, el bilingüismo, el efecto de las políticas de la Generalitat en estos años ha sido el de empobrecer, limitar. El bilingüismo es la salida».
Vilarrubias habla suavemente, pero su visión es demoledora: «Los políticos han usado a los propios alumnos para sus fines. Y de una manera muy torticera. El lema de las escuelas ha sido Para un país para todos, una escuela en catalán, una contradicción en sus términos. Si algo es de todos, se tendrá que respetar y facilitar esa diversidad, ¿no?».
Cualquier padre llegado con sus hijos a Cataluña ha vivido la situación: los niños deben aprender catalán a toda prisa o embarrancan académicamente. «Eso es así», afirma Vilarrubias. «Un alumno castellanohablante tiene que esforzarse en una lengua que cognitivamente no es la suya natural, lo que le lastra. Además, esto provoca una discriminación económica: las élites sí que quieren que sus hijos estudien en colegios donde aprenden buen español, pero son colegios privados. Se necesita dinero para acceder a ellos. Eso tampoco cohesiona».