Dos churros recién fritos sobre un plato
¿De dónde vienen los churros? No es fácil de contestar a esta pregunta, ya que, como toda receta tradicional, las fuentes que hablan de su origen son muy variadas. Se dice, por ejemplo, que fueron popularizados por pastores, que buscaban un alimento fácil de preparar a campo abierto.
También se dice que los churros llegaron nada menos que desde China, a través de mercaderes portugueses. Serían una variación del pan frito chino youtiao, a la que se le añadió un poco de azúcar a la masa tradicional, más salada. Lo cierto es que del uso pastoril saltó a la cocina popular, convirtiéndose en un dulce consumido en numerosos países.
Su preparación no tiene demasiado misterio. Se hace una pasta mezclando agua, harina y un poco de sal, que luego se pasa por una máquina que genera esa larga forma estrellada. Luego hay que freírlo en aceite muy caliente y, en su versión más clásica, añadir un poco de azúcar. Existen dos formas muy conocidas: los churros rectos, llamados chiribiquis, o en forma de lazo.
Hoy en día hay otras variantes de churro, que podemos encontrar sin problemas en hornos y churrerías. Los hay que tras su fritura se rebozan en chocolate, por ejemplo, pero también podemos verlos rellenos de chocolate o de crema, aunque no es raro encontrar otros ingredientes, como el dulce de leche.
Una variante muy conocida de los churros serían las porras, sobre todo en Madrid. Se preparan añadiendo bicarbonato sódico y dejando reposar la masa para que sea más esponjosa. Esto cambia la forma final, que es un poco más gruesa. Por ello hay que freírlas durante más tiempo.
Pero si hablamos de churros y porras, hay que hablar de chocolate. Con la expansión de los cafés y chocolaterías a finales del siglo XIX, nació esta combinación inseparable que hoy en día sigue despertando pasiones. Tanto como desayuno o como merienda, los churros con chocolate son uno de los platos tradicionales más demandados del invierno, tanto por los niños como por los mayores.