Poder y peligro, al alcance de los dedos

The New York Times                                                                                   04 de Noviembre 2017

A las minicomputadoras que llevamos a todos lados en nuestros bolsillos se les adjudica la culpa de todo tipo de males sociales, incluyendo el embrutecimiento del debate público, el texteo mientras se conduce y la muerte de la conversación en los elevadores. Los padres enfrentan la pregunta de cuándo permitir que sus hijos participen en la diversión. “Muchos expertos diríanque es alrededor de los 13años, pero la respuesta más práctica es cuando necesiten uno: cuando estén fuera de su supervisión directa”, declaró a The Times, Scott Steinberg, coautor de “The ModernParent’sGuide to Facebook and SocialNetworks”. Sin embargo, para los chicos de más edad, a quienes se les puede pedir que envíen o compartan una imagen inapropiada, los peligros son serios. Se insta a los padres a que ofrezcanorientación a sus hijos, y Steinberg recomienda establecer reglasque rijan cuándo pueden ser usados los dispositivos y qué es actividad en línea permisible. Algunas reglas se pueden aplicar a todos, como no usar el celular en las comidas o apagar los aparatos una hora antes de dormirse. Pero no son sólo los niños los que necesitan límites sobre su uso de los aparatos, y ciudades de Estados Unidos y Europa están abordando los peligros de caminar y textear al mismo tiempo. Honolulú aprobó una ley en días pasados que multa con hasta 35 dólares a los peatones que vean sus dispositivos mientras cruzan las calles, reportó The Times. Las muertes de peatones en Estados Unidos en 2016 subieron a 5.987,un 9 por ciento arriba respecto a laño anterior, la cifra más alta desde 1990. Un grupo de seguridad culpó al aumento en el uso de los teléfonos inteligentes, “fuente frecuente de distracción mental y visual”. El Condado de San Mateo, en California,también aprobó una resolución que prohíbe a los peatones usar celulares mientras cruzan las calles. Bodegraven, una pequeña ciudad cerca de Ámsterdam,ha incorporado franjas con iluminación LED en un paso peatonal de una transitada intersección, donde la gente que lleva la vista en sus teléfonos las verán.Cuando el semáforo se pone en rojo o verde, también lo hacen las franjas LED, alertando a los peatones de que pueden cruzar sin peligro. La vida sin un teléfono inteligente podría ser inconcebible para algunos, pero James Stewart, columnista de Negocios de The Times, comprobóque es posible durante un reciente viaje de 10 días a Europa. Su teléfono se congeló justo antes de que su vuelo despegara de Estados Unidos, y decidió seguir sin él. Las críticas a las grandes compañías de internet —por invadir la privacidad, mostrar noticias falsas y propagar mensajes de odio— son legítimas, pero sin ellas la vida es un reto. “Lo que aprendí es que, para bien o para mal, han cambiado tanto al mundo que la vida sin ellas es prácticamente imposible fuera de un monasterio”, escribió Stewart. Las tiendas no venden mapas, puesto que todos suponen que los conductores tienen Google Maps. Preguntar direcciones resultó ser poco confiable.El agente de renta de autos en Milán orientó a Stewart para que fuera a Siena vía Génova, ruta que agregó dos horas al viaje. Las personas que no tienen teléfono celular caen en cuenta de que están aislados “y la infraestructura está diseñada con el conocimiento de que casi todo el mundo tiene un teléfono inteligente”, dijo a The Times, Adam Alter, profesor auxiliar en la Escuela Stern de Negocios de la Universidad de Nueva York. Sin acceso a la red, Stewart no pudo usar sitios como TripAdvisor. Pero descubrió cosas maravillosas y no tuvo que calificarlas en línea.Las viejas guías que había en la casa donde se alojó fueron útiles. “Los principales sitios históricos, atracciones turísticas e incluso restaurantes no cambian mucho en un lugar como Italia”; escribió