CAPITALISMO: El verdadero freno contra una guerra nuclear

Listin Diario                                                                                     04 de Enero 2018
  •  CAPITALISMO: El verdadero freno contra una guerra nuclear
    Consistencia. Para el logro de la grandeza es necesario que todo líder posea una gran fuerza de voluntad y resistencia, coraje y determinación, carisma e inteligencia, y una creatividad poderosa.
Rafael Guillermo Guzmán Fermín
fuerzadelta3@gmail.com
Especial para LISTÍN DIARIO
El año 2018, vislumbra un escenario geopolítico mundial dominado por las amenazas de un conflicto nuclear contra los EE.UU. por parte de dos nuevos estados nucleares: Irán y Corea del Norte.
Hemos estudiado los diversos análisis que sobre este tema han realizado los expertos, que van desde el uso de la guerra preventiva hasta la intervención diplomática de las Naciones Unidas, resaltando en todos ellos la volatilidad temperamental de los dos líderes más sobresalientes: el presidente Donald Trump y el dictador Kim Jong-Un.
Basados en estos estudios, fundaremos nuestro análisis sobre la premisa de que serían las fuerzas del mercado capitalista las que evitarán una guerra nuclear, y que la similitud de carácter entre ambos mandatarios más bien será un punto favorable para el logro de la paz.
Recordemos que no pocos comentaristas se han mofado de las supuestas locuras de ambos personajes, haciendo caso omiso a la realidad de que, con sus grandes diferencias y objetivos, ambos han sido exitosos al consolidar su poder y lograr sus propósitos, a pesar de la multiplicidad de vectores en contra y acérrimos críticos.
Aquí cabe citar lo expresado por el crítico político Bernard Shaw: “Las gentes razonables se adaptan al mundo, y las que no lo son adaptan el mundo a su persona. Por lo tanto, el cambio solo es posible gracias a gente poco razonable”.
Por tanto, para el logro de la grandeza es necesario que todo líder posea una gran fuerza de voluntad y resistencia, coraje y determinación, carisma e inteligencia, y una creatividad poderosa.
 Pero hay otras características menos respetables, pero igual de determinantes, que son un factor común de sus personalidades: tendencia a tomar riesgos temerarios, propensión al protagonismo intrépido, obsesión casi enfermiza, arrojo determinante y algo de excentricismo audaz.
En otras palabras, estas cualidades pueden provocar efectos distintos tanto en uno como en otro, tal como son sus mundos contrapuestos. En uno, podrá afianzar la democracia y en otro, arreciar la dictadura; lograr la grandeza de uno y la malignidad del otro, el crecimiento del poderío norteamericano y el descalabro norcoreano; ir de la hazaña heroica por un mundo más libre, mientras el otro, continúe optando por el homicidio cruel, tal como han corrido la suerte algunos de sus familiares y funcionarios del régimen.
Si bien es cierto que la misma historia no se repite, no menos cierto es que, conocerla a fondo nos dará herramientas, no para cambiar el pasado, pero sí para proyectar los acontecimientos del futuro.
Por esta razón es que sabemos, que la historiografía está llena de este arquetipo de protagonistas que cambiaron el curso de la escenografía de su tiempo, y que siglos después aún siguen inspirando a otros actores en la escena mundial.
Desde Ciro El Grande, inspirador de Alejandro Magno; de Iván El Terrible, paradigma de Josef Stalin; del emperador Julio César, arquetipo del general Napoleón Bonaparte, y de Hassan-i Sabbah -El Viejo de la Montaña-, inspirador indudable de Osama Bin Laden, todos, sin importar el ámbito socio-político de su época, pensaban que la guerra de conquista era la manera de desarrollar sus naciones.
Titanes como ellos forjaron el imperio Acadio, el primer imperio de la humanidad en la Edad Antigua, el imperio Romano en la Edad Media, el imperio Hispánico en la Edad Moderna y el último imperio, el Británico, en la Edad Contemporánea. Todos fueron dominados por la política internacional de la “ley de la espada y la pólvora” como medio para la obtención de riquezas para sus dominios, traducidos en anexión de nuevos territorios conquistados, saqueos y el sometimiento de esclavos.
Si anteriormente la guerra era una actividad lucrativa que lograba modificar el mapa geopolítico permanentemente hasta mediados del siglo XX, en la actualidad este panorama ha cambiado, pues para la mayoría de los países del planeta no existe una potencial amenaza que presuponga un conflicto a gran escala que implique la conquista de naciones independientes en el lapsus próximo.
¿Qué circunstancias podrían provocar que próximamente se genere un conflicto del tal magnitud para que estalle una guerra de conquista entre España y Francia, entre Colombia y Brasil o entre China e India? Podría asegurar que ninguna.
Sin negar que existen contiendas internacionales en algunos lugares del planeta con sus secuelas de muerte y destrucción, pero éstas se pueden inscribir en las excepciones a la regla, puesto que la norma actual es la paz global.
En este contexto, desde la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días, no ha existido ninguna nación soberana reconocida por las Naciones Unidas que haya sido eliminada del mapa y conquistada. Hasta en los países árabes, que muchos entienden sufren de inestabilidad política y religiosa, solo padeció la invasión fracasada de Kuwait por Irak. O sea, la paz sigue siendo la norma.
En tal virtud, desde la óptica histórica, el torbellino de las guerras conquistadoras al estilo de los mongoles y vikingos, no es posible en nuestros días, puesto que nunca como ahora la paz ha sido tan universalizada en las diferentes sociedades.
¿Cuáles han sido las razones por las que la paz ha sustituido la guerra? ¿Qué factores podrán evitar una posible guerra nuclear? El capitalismo nos dará la respuesta.
En la actualidad, todas las actividades mundiales están enlazadas por una red global: El capital. A través de él, se encuentran vinculados todos los medios económicos como la infraestructura, las maquinarias, los medios de producción y, la estrella de todos: El dinero.
A través de este peculio se obtienen las materias primas, la mano de obra y medios de industrialización desde cualquier país del planeta sin la necesidad de una guerra de conquista.
De manera que, para que ese capital se multiplique es necesario que exista paz, orden y estabilidad, que son las bases que sustentan una de las condiciones del desarrollo del capitalismo: La iniciativa empresarial.
Siendo ésta el proceso mediante el cual se pone en práctica la creatividad para generar ideas de negocios, en donde la capacidad intelectual humana es la fuente generadora de las diferentes actividades económicas.
Por tanto, el ser humano se ha convertido hoy en una fuente de riqueza al innovar negocios de escala global como Google y Amazon, siendo estos emporios más poderosos que muchos estados independientes juntos.
Bajo un escenario de guerra mundial o nuclear todo el sistema financiero global colapsaría, lo que harían muy costosas las guerras a esa escala. Aquí tenemos el primer freno de una guerra mundial: Su alto costo económico.
El segundo disuasorio sería la baja rentabilidad lucrativa de las conquistas territoriales, pues antes, los estados invadían para apropiarse de las riquezas de otros.
Actualmente esto es imposible, pues las mayores riquezas están basadas en el conocimiento, en estructuras bancarias complejas, de poderosas bolsas de valores que fortalecen el mercado de capitales e impulsan el desarrollo económico y financiero global.
Y como tercer persuasivo tenemos, que los líderes de antaño, como militares, sacerdotes, monarcas y súbditos entendían que las guerras eran beneficiosas para sus naciones, sin embargo, en el presente, las élites empresariales, gobernantes, intelectuales y sociedades en general creen verdaderamente que la paz es un bien inapreciable, en donde el diálogo, la diplomacia y la ley internacional son instrumentos idóneos para la solución de conflictos.
Las argumentaciones planteadas en este análisis nos permiten inferir que ha sido el poder del capitalismo el que ha desarrollado una cultura de estabilidad planetaria, pues hasta China, a pesar de su sistema de gobierno centralizado-comunista, debe su astronómico crecimiento gracias al modelo capitalista, logrando sacar de la línea de pobreza a millones de chinos, permitiendo así consolidar la paz y estabilidad necesarias para mantener cohesionado su extenso territorio.
De manera, que ante la incertidumbre de una posible conflagración nuclear entre Corea del Norte y EE.UU. que ponga en riesgo la estabilidad de los mercados mundiales, es evidente que serán las fuerzas poderosas del capitalismo las que no permitirán que un dedo insensato pulse el botón rojo que desate el caos global.
Demostrando las geoeconomías del mundo, que la paz es más lucrativa que la guerra, pues necesitan paz para seguir enriqueciéndose, ya que el capitalismo, a través de la globalización, va derribando fronteras, debilitando nacionalismos y creando un poderoso dios: El dinero, instrumento que le ha permitido desarrollar en el último medio siglo y de manera sigilosa la conquista de un “nuevo imperio”: El de la paz.
Y será la acción pacificadora del capitalismo la que ganará las futuras guerras sin “luchar” por medio del poder de la fuerza suprema de la paz mundial.
El autor es miembro del Círculo Delta.