Cómo comer bien y barato fuera de casa

MSN                                                                                                 08 de Enero 2018

Otra cuesta de enero es posible© PIXABAY Otra cuesta de enero es posible
Es fácil controlar la dieta en casa tras los excesos navideños. Pero por si tenemos la necesidad de alternar hemos recopilado algunos consejos para que nuestro bolsillo no se resienta demasiado mientras comemos estupendamente.
¿Todavía no te habías recuperado de los excesos del Black Friday cuando se te echó encima la Navidad sin quitarte de la cabeza lo que te ibas a comprar en rebajas? No te preocupes, tienes coartada para seguir comiendo fuera de casa en la cuesta de enero sin sentirte demasiado culpable. Dice la asesora financiera María Ángeles González que no hay que ponerse muy radical en el tema del ahorro, porque puede pesar en nuestro estado de ánimo: "En el presupuesto mensual tenemos que dejar siempre un espacio para la satisfacción, para el ocio, porque nos podemos llegar a sentir muy desgraciados si sólo nos dedicamos a tapar agujeros".
Y eso sí que no puede suceder. En El Comidista estamos por la vida alegre, así que nos hemos currado un decálogo para poder comer barato y bien fuera de casa. Porque como nos comenta nuestra nutricionista de cabecera Raquel Bernácer, "cada vez hay más lugares donde se ofrecen alternativas saludables a buen precio, pero hay que saber seleccionar bien el establecimiento". Pues vamos a ello.
1. Modifica tu menú del día
Es la primera alternativa que se nos viene a la cabeza cuando queremos comer barato. De acuerdo, pero el menú del día está lleno de bombas nutricionales: ya aprendimos aquí cómo esquivarlas. Raquel Bernácer recomienda sobre todo "descartar platos con salsas abundantes, frituras, rebozados, carnes en salsa, guarniciones grasientas". Nadie te obliga a aceptar las patatas fritas que acompañan el filete a la plancha: la ensalada es una opción de vida.
© Proporcionado por El Comidista
2. Huye de la comida basura
En esto de comer de forma saludable hay que tener fuerza de voluntad. En esas cadenas de comida rápida que todos conocemos nos bombardean con apetecibles ofertas de cosas rebozadas y crujientes tiradas de precio. Hay que ignorarlas. Porque, no te engañes, tú y yo sabemos que no vas a entrar a uno de esos templos del colesterol para pedir una de sus presuntas ensaladas. Barato sí, nutritivo no. Siguiente.
3. Rodea los mercados
De la que vas al mercado a comprar productos de temporada para tu día a día -porque lo haces, ¿nooo?- nuestro gastrónomo de cabecera Jorge Guitián recomienda preguntar en los puestos dónde se puede comer bien. Ellos saben mejor que nadie quiénes cocinan mejor los productos que venden.
También conviene husmear por los alrededores de los mercados. Podemos encontrar templos como el Bar Mercado de Huelin, en Málaga. El menú del día cuesta allí ¡3 euros! El secreto nos lo revela la propietaria, María del Carmen Martín: "En el mercado me dejan más barato el pescado y la carne. Y luego no inflo los precios. No te haces rico, pero funciona". Oda al altruismo.
4. Tira de tapas
Ya vimos en El Comidista que hay paraísos terrenales donde con tu consumición puedes ponerte cegarato a tapas. A ver, si de lo que se trata es de comer de forma sana, pues a lo mejor en vez de tripitir como si no hubiera un mañana, sería conveniente utilizar la mesura. Pero sí, es una opción barata y buena.
5. Escapa de la ciudad
Coge la bicicleta, el bus o el monorraíl y plántate en un pueblo. Si vives en uno, eso que ganas. La gente de la web Empáchate nos confirma que es una buena idea: "En los pueblos se come muy bien, hay producto de calidad, de cercanía y a mejor precio que en las ciudades. Nosotras hemos detectado que esta tendencia va al alza, y de hecho un gran porcentaje de las visitas a nuestra web llegan buscando restaurantes en zonas rurales".
Pregunta a los lugareños dónde comer y quizás des con templos como los furanchos gallegos de los que nos habló aquí nuestra Raquel Piñeiro.
6. Las lonjas son una opción
El bueno de Jorge Guitián también nos comenta que una buena solución para nuestro mes de enero puede estar en las ciudades portuarias: "Hay que revolver un poco por las zonas de trabajo del puerto, normalmente las menos pintorescas. Ahí suele haber casas de comidas a las que van los estibadores, la gente de las lonjas". Sí, suena a pescado bueno y barato. Y nos recomienda el Bar das Almas Perdidas, en Vigo. Su dueña, Rosario Fernández, dice que no hay truco, "se trata de conseguir el pescado con el precio más ajustado, de conocer a la gente en las rulas y los mercados".
© Proporcionado por El Comidista
7. Comer es cultura
El planazo es el siguiente: te acercas a un museo o cualquier otro equipamiento cultural, y después de admirar lo que haya que admirar, localizas la cafetería y si hay suerte, puede que se trate de una concesión con comida buena y tirada de precio. Ejemplos: en La Laboral de Gijón tienen La Cocina de Laboral, donde el cocinero Sergio Rama se curra unos menús escandalosamente baratos. Y en el nuevo Centro Botín de Santander, hay una taberna dirigida por el biestrellado Jesús Sánchez, El Muelle, que ofrece el plato del día por 11 euros.
Otra opción menos cultural, pero que podríamos considerar más educativa, es olisquear por los comedores universitarios. Hay joyas como el Paraninfo Trufé de la Universidad de Zaragoza. Siempre puedes hacerte pasar por un profesor despistado o un alumno de edad aventajada.
8. Estrellas baratas
Comer bien y barato también es posible en los restaurantes reconocidos por la Guía Michelin. Mònica Escudero ya nos detalló las claves del menú degustación del estrellado más asequible del país, el Nova en Ourense. Pero es que, además, algunos cocineros se curran auténticas gangas, como en Fonda Sala, en Olost de Lluçanès, con una estrella Michelin y un menú del día de 18 euros. "Aquí no reducimos calidad", nos comenta el chef Toni Sala, "lo que servimos por ese precio es una comida más sencilla, lo que se podría comer en casa".
Y, además, otros cocineros distinguidos por la guía francesa también han abierto negocios más económicos, como el Tondeluna de Francis Paniego, en Logroño, o el Daily Gastrobar de Manuel Alonso, en Valencia.
9. Bebe agua
Ya lo dijo Aitor Sánchez, el nutricionista indignado, este verano en El Comidista TV: "Nos hacen creer que tomarnos una copa de vino es saludable y eso es inadmisible". Y lo mismo se puede aplicar al resto del alcohol. Así que malas noticias, aunque quizás lo que más te apetezca en la cuesta de enero sea empinar el codo, vas a tener que pedir agua cuando salgas a comer fuera de casa. El consuelo es que es barato. Y si es del grifo, más aún.
10. Di no al postre
Doble combo en el tema postre: si prescindimos de comerlo, reducimos el importe de la cuenta y nuestro cuerpo agradecerá no tener que procesar grasas y azúcares extra. La nutricionista Raquel Bernácer nos propone un término medio: "Hay que prescindir del postre si se va a la carta o, si se trata de menú del día, escoger siempre la fruta o yogur natural". Durísima la cuesta de enero, que llegue febrero ya.