El primer ministro libanés vuelve tras su forzada renuncia

The News York Times                                                                                 13 de Enero 2018

BEIRUT, Líbano — Saad Hariri, el primer ministro de Líbano, fue llamado a las 8:30 a las oficinas reales sauditas, en el segundo día de una visita que ya distaba mucho de ser lo que él había anticipado. Hariri, que durante mucho tiempo fue un aliado de los sauditas, se vistió esa mañana de vaqueros y camiseta, pensando que iría a acampar en el desierto con el príncipe heredero, Mohammedbin Salman. Sin embargo, en vez de ello fue despojado de sus celulares, separado, salvo de uno, de todos sus guardaespaldas y fue blanco de empujones e insultos por oficiales de seguridad sauditas. Luego vino la máxima humillación: se le entregó un discurso de renuncia previamente escrito y fue forzado a leerlo en la televisión saudita. Parecía que éste era el verdadero motivo por el que había sido llamado a Riad, la capital saudita, un día antes:para renunciar bajo presión y culpar públicamente a Irán, como si fuera un empleado y no un líder soberano. Por extraño que fue el episodio, fue sólo un capítulo en la historia del príncipe Mohammed, el ambicioso heredero al trono que está resuelto a sacudir la estructura de poder, no sólo de su propio país, sino de toda la región. En casa, ha encarcelado a cientos de empresarios y otros príncipes en lo que describe como una ofensiva anti corrupción. En el extranjero, ha librado una guerra en Yemen y confrontado a Catar. El día en que se le ordenó a Hariri que se reportara en Riad, era sólo un peón en la batalla general del príncipe heredero: refrenar las ambiciones regionales del rival saudita,Irán. Ésta es la historia de la extraña estancia de Hariri en Arabia Saudita en noviembre, según revelan relatos tras bambalinas de una docena de funcionarios occidentales, libaneses y regionales y de asociados del primer ministro. Tras dar su discurso, mientras sus desconcertados asistentes trataban en vano de contactarlo desde Beirut, Hariri sí pasó de hecho la noche en el desierto con el príncipeheredero, comentó unalto funcionario libanés. Fue un contrapunto surrealista para una serie de sucesos que pusieron nervioso a todo Medio Oriente: un misil disparado contra Riad, los cientos de príncipes y empresarios sauditas arrestados y el asombro de Líbano. Mohammed ya había lanzado una guerra en el país vecino de Yemen contra rebeldes alineados con Irán, y había quedado enmarañado. Había impuesto un bloqueo económico a Catar, sólo para que el país del Golfo se acercara más a Irán. Con la expulsión de Hariri, el príncipe buscaba enviarunmensaje: era momento de impedir que el aliado libanés de Irán, Hezbollah, la poderosa organización chiita que es el actor político más influyente de Líbano, se volviera aún más fuerte. Las acciones sauditas que comenzaron el 4 de noviembre se dieron en sucesión vertiginosa. En cuestión de poco más de un día, los sauditas obtuvieron la renuncia de Hariri; acusaron a Irán y a Líbano de un acto de guerra luego de que rebeldes yemeníes dispararon un misil contra Riad; y arrestaron a los príncipes y empresarios bajo cargos turbios de corrupción. Una semana después, ordenaron que los ciudadanos sauditas evacuaran Líbano. Con la ansiedad desbordándose, los funcionarios libaneses trabajaron para adelantarse a lo que temían era un plan de Arabia Saudita para desestabilizar los volátiles campos de refugiados palestinos de Líbano. Los funcionarios occidentales y árabes dicen que aún se preguntan qué es lo que esperaban lograr los sauditas con toda esta intriga. Pero lo que está claro, afirman, es que Arabia Saudita trató de instigar un amplio re alineamiento de la política libanesa para reducir el poder de Hezbollah alforzar el colapso del gobierno de coalición de Hariri, que incluye a Hezbollah y sus aliados. Hariri, al igual que su padre, Rafik, debía su carrera política y fortuna familiar al apoyo saudita. Pero los sauditas se quejaron de que el gobierno de Hariri le estaba dando demasiada influencia a Hezbollah, que es tanto un partido político como un grupo miliciano que no rinde cuentas al Estado. Hariri viajó a Riad a fines de octubre y creyó que había hecho comprender a los sauditas su necesidad de llegar a un acuerdo con Hezbollah para evitar un callejón sin salida político, dijeron algunos funcionarios. De vuelta en Beirut, para aplacar a los sauditas, le pidió a través de intermediarios a Hassan Nasrallah, líder de Hezbollah, que suavizara sus feroces discursos contra la guerra devastadora de Arabia Saudita en Yemen y contra el príncipe Mohammed personalmente. El 3 de noviembre, Hariri se reunió con un alto funcionario iraní, Ali Akbar Velayati, quien entonces elogió la cooperación iraní con Líbano. Ésa podría haber sido la gota que derramó el vaso para los sauditas. En cuestión de horas, Hariri recibió un mensaje del Rey saudita: ven de inmediato. Entonces se le dio al primer ministro undiscurso para leer, que así hizo. Eltexto culpaba a Hezbollah y afirmaba que su vida corría peligro; utilizó palabras que sus allegados aseguraron que no sonaban a él. Michel Aoun, el presidente de Líbano y aliado de Hezbollah, se negó a aceptar la renuncia al menos que Hariri la entregara en persona. Después ocurrió una intensa acción diplomática de Francia, Estados Unidos, Egipto y otros países, que logró un trato que le permitió a Hariri salir de Arabia Saudita. Sin embargo, Mohammed lo envió a casa con un encargo: hacer que Hezbollahretirara sus combatientes de Yemen, revelaron funcionarios libaneses y diplomáticos occidentales y árabes involucrados en el trato. Esa exigencia probaba que el Príncipe no estaba bien informado respecto a Yemen, a veces llamado el “Vietnam de Riad”, señalaron los diplomáticos. Hezbollah tenía sólo unos 50 combatientes en Yemen, con Irán jugando un papel mucho más grande en el entrenamiento y la asistencia a los hutíes, el grupo insurgente de ese país, dijo un diplomático de Occidente. Riad sí obtuvo un beneficio de la zozobra. Los funcionarios libaneses buscan un trato con Hezbollah que podría incluir la moderación de su retórica antisaudita —como había solicitado Hariri— y el cierre de una televisora pro hutí en Beirut. Crear la política exterior ágil y activista que desea el príncipe Mohammed requiere “un entendimiento profundo de la dinámica política en otros países y una inversión en lazos diplomáticos que no se pueden crear de la noche a la mañana”, dijo Brian Katulis, directivo en el Centro para el Avance Estadounidense, en Washington.