Potes, Ayna.. Siete pueblos maravillosos en España que no te puedes perder este año

MSN                                                                                                 12 de Enero 2018

© Externa
También toca ponerse con los deberes en esto de los viajes, así que hemos hecho caso a ese buscador que siempre nos pone una casa rural a tiro cuando la necesitamos y hemos configurado una lista de pueblos que visitar sí o sí este año a partir de sus 7 Maravillas Rurales, elegidas por sus usuarios, o sea, tú, ellos, nosotros. Te contamos por qué tienes que ir a Guadalupe, a PotesAyna, Casariego, Belmonte, Capileira y Bocairent. Búscalos en el mapa y luego piérdete. No hay nada como hacerlo para encontrarse (maravillosamente bien). Nos vamos.
1. Guadalupe, en Cáceres
El primer puesto es para este insigne pueblo cacereño que se lo debe todo a una virgen(morena, además); esta vez no ha sido ni para Trujillo ni para Hervás. Guadalupe es lugar de peregrinación, no tanto como Santiago pero casi. Más allá de lo religioso y su soberbio monasterio que es real (entendido de todas las maneras), además de mudéjar, gótico, renacentista y barroco y contar con un comedor en la hospedería obra de Rafael Moneo, por su arquitectura, sus calles recoletas, su parador (hospital del siglo XV), sus tascas, sus tiendas de souvenirs -todo hay que decirlo- y, aunque la Navidad ya esté pasada, su belén gigante.
Guadalupe es imponente.© Proporcionado por Vanitatis Guadalupe es imponente.
2. Potes, en Cantabria
Nunca nos cansaremos de hablar de las bondades de los Picos de Europa ni del acogedor y bucólico Potes, en la comarca de la atractiva Liébana, con puentes, torres (la del Infantado o la de Orejón de la Lama, del siglo XV) y casas de piedra, o caserones, muchas de ellas blasonadas. Un paraíso rodeado de montañas: la villa está situada nada menos que en la confluencia de cuatro valles. Hay mucha historia entre sus muros, mucho encanto por sus callejuelas y mucho restaurante donde zamparse un cocido lebaniego como Dios manda, con los garbanzos de la tierra, la berza, el relleno y la cecina o la carne. Son obligados también los quesos artesanos y el orujo. Y todos los lunes, por si te pilla por allí, mercado tradicional en la plaza. Por no hablar de los mil caminos para echarte a andar.
Así es Potes, con casonas y río. (Foto: Turismo de Cantabria)© Proporcionado por Vanitatis Así es Potes, con casonas y río. (Foto: Turismo de Cantabria)
3. Ayna, en Albacete
Atención, porque a este pueblo del muy desconocido Albacete, otro de nuestros Terueles, se le conoce como la Suiza Manchega, lo cual es una razón más que poderosa para dejarse caer por allí. La cuestión es que resulta mágico su enclave, en las estribaciones de la sierra de Alcaraz, en el estrecho cañón del río Mundo, encerrado entre afiladas paredes y farallones rocosos. Decíamos de Setenil de las Bodegas, en Cádiz, pero... Hay pinturas rupestres (Cueva del Niño), una ribera (la del Mundo) de quitar el sentido, una ermita con un artesonado del siglo XVI, toda una joya, los restos de un castillo, un rincón con paredes que superan los 100 metros de altura (el de la Toba), aldeas de sorprendente belleza (Royo Odrea y Carcabos) y el Mirador del Diablo, que es lo más de lo más en cuestión de paisaje. Ah, por cierto, aquí se rodó en parte 'Amanece, que no es poco', de José Luis Cuerda. Suele nevar en lo más crudo del crudo invierno.
Hay que ir a Ayna y asomarse al río Mundo.© Proporcionado por Vanitatis Hay que ir a Ayna y asomarse al río Mundo.
4. Tapia de Casariego, en Asturias
Aquí va una villa marinera de las imprescindibles. De las de puerto, taberna, terrazas, gente abierta y casas con olor a sal. Con historia para dar y tomar, y lo mismo en casas palacio, como la de Campos o Cancio, y que, para colmo, es meca del surf aquí en Norteña, con permiso de la gran y queridísima Tarifa. Hay que verla para quererla (más) desde su paseo o desde su mirador. Es surfera, festiva, céltica, noble, universalista, transoceánica y muy playera; a destacar su playa de Penarronda, en el límite con Castropol, famosa por sus dunas y monumento natural. Aquí desembarcó por primera vez el maíz procedente de América; todo un hito. En la costa occidental del Principado de Asturias.
No te pierdas la villa marinera de Tapia de Casariego.© Proporcionado por Vanitatis No te pierdas la villa marinera de Tapia de Casariego.
5. Belmonte, en Cuenca
Vaya por delante que en Belmonte nació Fray Luis de León, ese prohombre de nuestras letras. Y que es el castillo, de cilindros en los vértices, artesonados mudéjares, chimeneas de decoración gótica y planta castellana, el que más brío le da a su estampa, al que le siguen en esplendor la colegiata gótica, las calles, las casas, el palacio de Buenavista, el convento de los jesuitas y, por supuesto, las murallas con cinco puertas, de las cuales tres siguen siendo el paso de entrada a la población. Otro escenario de película, otro lugar donde reencontrarse con la historia, ahora que rezumamos por todas partes tendencias y modernidad.
Belmonte tiene también castillo y murallas.© Proporcionado por Vanitatis Belmonte tiene también castillo y murallas.
6. Capileira, en Granada
En sexto lugar encontramos este pueblo maravilloso de la Alpujarra Granadina, en las faldas de Sierra Nevada, blanquísimo y con un ambiente que se disputa, en espíritu, con el no muy lejano, allá en el mar, Cabo de Gata. Está en el sobresaliente barranco del Poqueira y es uno de los tres municipios más altos de la penísula, junto con sus vecinos Güejar Sierra y Trevélez. Hay que permanecer atento a la arquitectura popular, para lo cual hay que perderse (otra vez) por sus callejuelas, a los caminos que parten hacia el soñado Mulhacén, sus muchos bares y tiendecitas, y los cercanos Pampaneira y Bubión. No podía ser más pintoresco de lo que es.
Capileira, a los pies de Sierra Nevada.© Proporcionado por Vanitatis Capileira, a los pies de Sierra Nevada.
7. Bocairent, en Valencia
Y por último en el ranking de las 7 Maravillas de Toprural encontramos esa joya valenciana, que debería ser tan famosa como las fallas o la paella. Que para eso es uno de los pueblos más pintorescos de la comunidad, histórico a rabiar y con mucho mucho patrimonio. Presume de monumentalidad y de gastronomía (pregunta por la olleta, la pericana, la 'cassola al forn', los 'gaspatxos amb pebrella' y dulces como los carquinyols o el rotllo de Sant Blai). Por lo demás, apunta en tu lista de preferentes el barrio medieval, el conjunto de cuevas Covetes dels Moros, el pozo de nieve de San Blas, el monasterio rupestre, la plaza del ayuntamiento, la iglesia de la Virgen de la Asunción, construida sobre el antiguo alcázar andalusí, con obras de Juan de Juanes y Sorolla, y sus ermitas. Estamos en el valle de Albaida. Pero nada como subir al Alto de Mariola, donde se halla una torre de vigilancia de época medieval-islámica. Las vistas, claro, son espectaculares.