¿Quién podrá defendernos?

Listin Diario                                                                                     12 de Enero 2018
Una afición tan popular como la de asistir a los juegos de pelota ha quedado a merced de un sistema de acaparamiento y encarecimiento de las boletas de entrada, obligando al público a pagar hasta tres veces más del precio original y legal de la taquilla.
A esa lucrativa tendencia no escapan los amantes de los espectáculos artísticos, que también se ven forzados a pagar más del precio que se anuncia al público, porque un grupo se hace del control de casi todas las taquillas con esos propósitos especulativos.
Como vivimos en la sociedad del engaño, tampoco se explica por qué si tenemos Fuerzas Armadas acantonadas en la frontera, los haitianos indocumentados pueden cruzarla y, más que eso, tener la osadía de depredar los bosques para hacer carbón que, luego, exportan a su país.
Tan deplorable es el estado de vulnerabilidad de nuestra línea divisoria que el alto ofi cial que comanda las tropas fronterizas admite que hay casos en que haitianos ilegales reinciden hasta siete veces, entrando al país poco después de ser repatriados.
No deja de ser un misterio que si en su mayoría son indocumentados, las autoridades conozcan y hasta puedan cuantifi car estas reincidencias, si no ha existido un confi able procedimiento biométrico para registrar fotos y huellas digitales de los ilegales apresados para repatriación, o los que entran de manera legal al país.
Pero el solo hecho de que esto ocurra, es decir, que un ilegal haitiano pueda burlarse de las leyes dominicanas cuando le venga en ganas, con o sin éxito, también es revelador del pobre escudo de seguridad que está a cargo de las autoridades migratorias y militares.
Es lo mismo que acontece en el caso de aquellos que deforestan amplias zonas boscosas del país para hacer carbón, con éxito doble: porque violan las leyes de foresta y, también, las de la exportación de productos.
Ante tantos descuidos y permisividades, cabría preguntarse, como lo hubiese hecho El Chapulín Colorado, ¿quién podrá defendernos?