Panorama del teatro actual


Listin Diario                                                                                     14 de Febrero 2018

  • Panorama del teatro actual
    Acción. El teatro, por definición, es sensible a los movimientos sociales.
Carlos Rojas/Especial para Listín Diario
Santo Domingo
Ya son varios los festivales que han pasado por esta ciudad, fiestas que han reunido a varios artistas, compañías, organismos, autores, actores, críticos, directores, técnicos y otros miembros del gremio teatral dominicano y de la escena mundial.
Todo ello es signo de que el teatro se ha convertido en República Dominicana en una realidad presente en la vida cotidiana, contemporánea y omnipresente si tenemos en cuenta la multiplicación de espacios, obras y cultores. La institución se ha consolidado convirtiéndose en toda una red: festivales, espectáculos, publicaciones, talleres y foros, en la actualidad nadie duda ya de la existencia de un acontecer teatral de Santo Domingo.
El teatro, por definición, es sensible a los movimientos sociales y políticos, cuya evolución no es ni único ni lineal. El arte dramático es un espejo en el que se reflejan las obsesiones, los deseos y temores del hombre en este panorama actual del teatro contemporáneo dominicano.  El teatro moderno que se hace en Santo Domingo se ha abierto a todas las experiencias, a las mujeres, y a los jóvenes, a lo microteatral, a la multiculturalidad y a la pluridisciplinariedad. Ha explorado nuevos caminos formales y temáticos, y se ha hecho internacional.  En la actualidad, la escena teatral de Santo Domingo ha conocido un cambio importante, tanto en la temática como en los procedimientos de la realización de los montajes. Un ejemplo que podría escenificar lo que digo claramente, bien podría ser Yago, yo no soy el que soy (2017), montaje de la Compañía Nacional de Teatro, bajo la dirección del talentoso Fausto Rojas, con tres nominaciones a Premios Soberano 2018.  
El teatro contemporáneo dominicano ha ido evolucionando de manera paralela, y constituye uno de los motores claves para comprender el giro que ha efectuado el propio teatro dominicano de finales del siglo XX: es menos reivindicativo tanto social como políticamente y es más idealista a la vez; se preocupa de la creación y del arte, y ha cuestionado el problema de la mimesis como fundamento de la representación.