La historia circular y el mito de Sísifo


Listin Diario                                                                              30 de Octubre 2018

  • La historia circular y el mito de Sísifo
Tony Raful
El poeta Jorge Luis Borges bromeaba con asuntos científicos, pareciendo burlarse de todos los prefijos ideológicos y sus fundaciones ontológicas. Se refiere a la “historia circular” desde tres visiones  diferentes, marcando territorio conceptual y liberando sus propias figuraciones axiomáticas en ese diseño de certidumbres y especulaciones, al  que agregaba la fina ironía de su inteligencia. La primera, citamos,  “Supone como repetición de la historia universal un universo reducido al sistema solar, y como límite de su regreso o repetición, la realineación primigenia de los planetas. Borges, evidentemente, no se inclina por esta vía, la que le resulta ingenua. Su crítica a la noción “Eternidad” llega hasta la nociones mismas de “repetición” e “identidad” y se desplaza a un tópico borgeano que se desarrollará a lo largo de su obra, por ejemplo, en ´La biblioteca de Babelª, es decir la de un tiempo infinito en un universo finito, razón por la cual sólo el tiempo podría forzar al universo a su repetición total. A su vez, Borges le da un fondo lógico a la incredulidad hacia esta primera vía del Retorno a partir de su referencia al filósofo, lógico y matemático Bertrand Russell. La reflexión de este último trata de que al suponer una repetición absoluta de la historia ya se está hablando de dos historias (que por ser dos, ya difieren entre sí) o, con ello, ya habría variación entre una y otra. A su vez, la noción de “repetición absoluta” semántica y lógicamente encuentra sus propias contradicciones en ambas disciplinas y, asimismo, la idea de que un universo “se preceda” a sí mismo anula con ello la cronicidad, los dos universos, y en definitiva, la teoría misma del Retorno. La segunda vía o versión está ligada al filósofo Nietzsche a quien justamente se le relaciona por fama. Es menos desarrollada aquí por Borges y más en ´La doctrina de los ciclosª e ´Historia de la Eternidadª. Tiene, esta vía, un cariz evidentemente más psicológico, y se relaciona al concepto de amor fati nietzscheano, que Borges no anota. Comprende más, esta versión nietzscheana, la aceptación de lo que sucede, que su repetición, y tiene claras implicancias intertextuales con el imperativo categórico kantiano, que Borges tampoco anota. Borges tampoco se muestra adepto del todo a esta segunda vía. Colige, en ella, algo aparatoso propio del filósofo alemán. La tercera vía es la que más se adecua al parecer de Borges y éste registra, en varios filosofías y autores, sus antecedentes; entre ellos: Brahma, Shelley, Heráclito, el Eclesiastés, Poe, Marco Aurelio. Borges se detiene en una cita a este filósofo para referir una idea que el mismo Borges desarrollará más adelante en poemas y otros textos posteriores: una proposición antitética que niega la noción vulgar de la pérdida de las cosas comunes y que extiende y aplica, metafísicamente, a todas las cosas que suceden en el universo: Nadie pierde el pasado ni el porvenir, pues a nadie pueden quitarle lo que no tiene. Así, lo que sucedió sigue, aunque transfigurado, sucediendo en lo que sucede, o en el “presente”.
“El concepto del eterno retorno está referido a un concepto circular de la historia, la historia no es lineal sino cíclica, “una vez cumplido un ciclo de hechos, estos vuelven a ocurrir con otras circunstancias, pero siendo, básicamente, semejantes, es propio del pensamiento occidental la idea de que el progreso es indefinido y siempre hacia adelante, sin embargo, en otros sistemas filosóficos, como los orientales la filosofía de la historia de autores occidentales como Giambattista, Maquiavelo o Polibio, se encuentra la idea de ciclos que se van perfeccionando, retornando eternamente hasta alcanzar la forma perfecta tras muchas fases erróneasÖEn su obra, “La Gaya Ciencia”, Nietzsche  dice que no sólo son los acontecimientos los que se repiten, sino también los pensamientos, sentimientos e ideas, otra vez, en una repetición infinita e incansable”.
En “El Mito de Sísifo”, de Albert Camus, este escritor retoma  de la mitología griega, la historia de Sísifo, el castigo impuesto consistente en  el hecho de llevar un peñasco  inmenso por toda la eternidad, hasta la cúspide la montaña y luego verlo caer y volver a levantarlo en una infinita tarea que no concluye jamás. Aunque Camus dice que Sísifo  conquista la libertad solamente en el momento en que logra llevar la piedra a la cúspide, pero la pierde para volver a verla caer una y otra vez. Se trata de la   lucha humana que figurada en Sísifo, consuma objetivos  y metas, para inmediatamente  retornar a o reiniciar la lucha desde el fondo más oscuro del retorno, sería la historia circular. La idea es la inutilidad y el absurdo. Se trata de la filosofía del absurdo. Toda la historia, para Camus,  es esa incesante tarea de Sísifo condenado a subir la piedra a la cumbre y verla caer para comenzar de nuevo.
En el ejercicio de la vida política contemporánea innumerables sucesos y situaciones parecen repeticiones incesantes de  fenómenos y hechos ya vividos, en cuanto a su esencia y sentido históricos. No se trata de retornos filosóficos existenciales, sino de la insuficiencia de la gradación histórica, como ciclo y categoría de expansión de la conciencia motora del desarrollo social y humano. Las más grandes revoluciones científicas, tecnológicas, cibernéticas, digitales, las más soberbias investigaciones moleculares y espaciales, no alcanzan a crear un hombre nuevo, en un corredor repetitivo de su castración espiritual y humana. En la altiva proyección de la ciencia actual no se produce ni se avista una ruptura definitiva con el viejo hombre, éste parece continuar como Sísifo,  cargando la piedra hasta la cumbre, y viéndola caer, para volverla a levantar incesantemente en una guarida absurda e impotente.