¿Seguir la pirámide alimentaria tradicional es bueno o un truco?

MSN                                                                                                                   30 de Octubre 2018
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Como bien es sabido, la pirámide alimentaria es un gráfico diseñado con el fin de indicar de forma simple y concisa cuáles son los alimentos más beneficiosos para nuestra dieta y en qué cantidad deben consumirse para lograr el equilibrio. La primera versión nació en la década de 1970, sin embargo, la más conocida fue creada como parte de una campaña de concienciación del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos en 1992. Desde entonces, las pirámides alimentarias se han convertido en uno de los instrumentos educativos más utilizados.
Aunque en nuestro país el primero de estos gráficos comenzó a utilizarse como guía en el año 2001, con el paso del tiempo se ha ido adaptando “de acuerdo a los nuevos descubrimientos y avances médicos, pero también para combatir los nuevos (malos) hábitos alimenticios de la población en general”, aseguran desde la Bioenciclopedia. ¿Esto significa que la pirámide tradicional ya no es la correcta?
Renovarse o morir
La interpretación que todos conocemos está dividida en seis grupos de alimentos: los cereales y tubérculos, las frutas y verduras, los lácteos y sus derivados, los alimentos de origen animal, las grasas y el aceite, y los azúcares; siendo estos últimos los menos aconsejables y de consumo esporádico. No obstante, a pesar de las directrices que dicha pirámide comparte con el mundo, no todas las personas necesitan el mismo número de nutrientes. “Las porciones recomendadas de cada grupo para que el individuo consuma dependen de la energía. Esto puede ir relacionado con el peso, la altura, la edad y su condición física. Partiendo de esto, la persona podrá organizar su plan alimenticio y variar el número de calorías entre 1.600 y 2.400”, explican desde el portal Pirámide Alimenticia.
Foto: iStock.© Proporcionado por Titania Compañia Editorial S.L. Foto: iStock.
“Teniendo en cuenta que uno de los factores que más influye en nuestra salud es la alimentación, las recomendaciones nutricionales deberían basarse en este mismo concepto: la personalización de la dieta según nuestros polimorfismos genéticos y nuestras circunstancias ambientales individuales. Sin embargo, es muy importante comprender que como especie, tenemos más cosas en común que diferentes. [...] Tenemos necesidades nutricionales comunes que podemos representar en una Pirámide de la Alimentación Saludable, que es de la que debemos partir para posteriormente individualizar la dieta dependiendo de diferentes factores”, explica la doctora Eva María Díaz, especialista en Medicina del Trabajo y Salud Ocupacional.
Es aquí cuando entran en acción las nuevas alternativas como, por ejemplo, la pirámide alimenticia dedicada a los veganos –que presenta una sección especial para los alimentos ricos en calcio o los derivados de las leguminosas que sustituyen la carne– o la que no solo se preocupa por la salud del organismo, sino también por la del medio ambiente. La Sociedad Española de Nutrición Comunitaria creó en 2016 una propuesta que recomienda “aquellos alimentos que son más sostenibles para el planeta y los que deben formar la base de nuestra alimentación, tales como los de origen vegetal”, explica el Colegio Profesional de Dietistas-Nutricionistas de Andalucía. Y no son las únicas.
La Sociedad Española de Nutrición Comunitaria creó también el año pasado una pirámide alimentaria basada en la evidencia científica que destaca la variedad, el equilibrio y la moderación del tamaño de las raciones, el mantenimiento del peso corporal en niveles adecuados o la importancia de dar prioridad a los productos de temporada y de cercanía. Y es que las últimas versiones ya no centran toda su atención en los alimentos, los hábitos de vida saludables también son de suma importancia a la hora de mantenerse sanos y salvos.
Entonces, ¿cómo es la pirámide ideal? "Es la que nos ha hecho humanos, es decir, aquella que nos empuja a alimentarnos de comida real, tal cual la da la naturaleza o mínimamente procesada; en la que los carbohidratos principales no son los cereales ni las harinas, sino las verduras, tubérculos y frutas frescas; donde tomar postres y 'golosinas' naturales se hace con menor frecuencia y ya no existe el miedo a las grasas saludables, incluso a las saturadas (en su justa medida), ya que son cruciales para nosotros, tanto que en caso de no ingerirlas, nuestro organismo las fabrica", aconseja Eva María Díaz. “Nos sobran calorías y nos falta fibra, grasa saludable y micronutrientes. Estamos gordos pero desnutridos, aunque resulte paradójico”, añade.
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Muchos achacan las carencias de la pirámide alimentaria tradicional a un interés económico por parte de las empresas. “Gran parte de nuestro conocimiento sobre lo que pensamos que es bueno y que es malo de nutrición, proviene del mensaje que las empresas de alimentación estén interesadas en transmitir a través del marketing”, denuncia Anabel Ávila, entrenadora personal y nutricionista deportiva, en su blog personal. Bajo esta premisa, numerosos estudios en la materia han revelado que las empresas destinan grandes cantidades de dinero a convencer al consumidor de que un producto es más saludable de lo que en realidad es.
“En este entorno, hemos creído que un alimento que ha sido procesado es mejor que un producto natural. Dicho así cuesta creer que nos hayan convencido de tal barbaridad, pero sí que lo han conseguido. Es por eso que encontramos todo tipo de alimentos en supermercados bajos en grasas, bajos en azúcares, bajos de lo que nos quieran decir y a los que artificialmente les han añadido vitaminas, minerales que mayormente no están biodisponibles para la absorción de nuestro organismo”, añade Ávila.
“Los agentes económicos de cada sector son los que establecen las normas y las reglas de juego del mismo, y las empresas de la industria alimentaria no son una excepción. De hecho, fabrican productos excelentes para vender (no para comer) y sus campañas están llenas de trucos para convencer a nuestro cerebro de que estamos comprando y consumiendo 'lo mejor'. El problema es que la mayoría de la población aún cree que las políticas de salud y nutrición las elaboran médicos y científicos 'expertos', pero lo cierto es que a los médicos no se nos enseña absolutamente nada sobre nutrición durante la carrera”, concluye la doctora Díaz.