Tao del todavía


Listin Diario                                                                              30 de Noviembre 2018

Marcio Veloz Maggiolo
Ser, mucho menos que una sonrisa ausente. La cerrazón del viento tras la puerta. El humilde respiro de la cabra.  El pastoreo del sol y la demencia de un epicentro de melancolías.
La posibilidad de lo improbable. Menos que tu sonrisa a ras de inercia.  Y que la luna en trance de vacíos.
La percha con tu traje de enviada. Y tu uniforme blanco hecho de brisa. (Cascara de un tamiz de sombra y velos), inmutable recuento del papiro. La estatuilla de un Buda diferente. Shiva haciendo girar el universo. La foto de la abuela transformada. La gente de otro tiempo retornando.
Punto y coma de asuetos.
Pergamino perdido en los otoños y el anillo lanzado hacia el vacío reciprocado en textos aleatorios.
Mesopotamia augusta entre tus senos. Leche y miel detenidos para siempre. Canaán convertida en cuerpo nuevo.
Menos que la verdad y que tu risa.  Tu fértil gorgoteo de primavera y Gongoro, tu nieto, última efigie de ambos, amantes de boleros viejos.
Cristal y holografía del movimiento. Apuntes para un día de lluvia y truenos.  Llovizna de fugaces meteoritos. Estatua de una yedra humedecida.
Certidumbre de hidra sin cabezas. Reloj de arena que no tiene cuándo.
Playa para soñarnos nuevamente. Oleaje en la penumbra de tu aliento.  Perpetuidad de un limbo equivocado. Sombría coloración de cuanto ríe.
Menos que todo cuando quede un luego. Palabra sin sonido, gris fonética.  Azul de metileno fermentando.  Participio del ser, gerundio viejo. Frase de prueba revisando estrellas. Colección de pasados fermentando. Responsorio de todo cuanto existe. Defoliación cansada, fronda inerte; follaje resentido entre corolas. Raíces retornando hacia el follaje.
Menos de un ti, del tú, del yo abatido, pero más del nosotros. Menos que tu armonía hoy  sin sonido.  Y menos que una risa atolondrada, brisa de calendario en tiempo informe, y de algún no sé qué narrado a tientas.
Menos que un tango con su medianoche. Menos que la constancia de un poeta, y que el cristal que copia tu sonrisa, y menos que la cuaba, viejo rito del bosque atormentado por su incendio.
Aun menos que la blanda dulcedumbre de un ciervo retozando en la espesura, o que una escoba herida por su bruja.  Menos la negación, menos la duda, menos de ti,  “la voz a ti debida”. Certidumbre de apócrifa agonía. Hoguera de recuerdos sin futuro. Savonarola tras las vanidades.
Menos de mí, de ti, menos de todo. Tao, menos qué, mortalidad simbiótica. Estreno de otra muerte cada año. Menos que de tu voz, suave oleaje, con pájaros de fuego y con metralla; con el viejo recuerdo de balcones para enfrentar la guerra  en tu sonrisa.  La estrategia de abril en los bolsillos. ¿Dónde estabas estando?, ¿bajo el ímpetu?, ¿participio de sangre entre banderas? ¿Y soldados cayendo, y emboscadas descifrando metrallas, y alfabetos?
Menos que tú en abril, prólogo inmenso. Menos tras  tu recuerdoÖtodavía.  Menos que tus palabras noche plena, menos que haber soñado, menos que ser de nadie, celosía que se abre ante el rumor colmado de temblores y retretas.
Menos ahora tu sombra, agitación perpetua. Tao de apariencia con “risorgimento”. Glorieta que se nubla de armonías. Con lo inmortal creciendo. Menos que premorir, y menos que anti - ser. Menos que todo, mientras crece el insomnio  y resucita, anclada en la maleza más informe que impura, la mañana en francés o en arameo. Lenguaje de ilusión, coloratura aprendida en Babel junto a  Dantoide, mi  profesor de oficio y de aleaciones.
Muerte en cualquier retorno a cada paso.
La mano que pregona,  reverdece con cada primavera en latín o arameo, o en círculos concéntricos y sueños milenarios.