Buscan la gloria entre alitas de pollo y papas fritas


The New York Times                                                                   01 de Diciembre 2018


Para los soñadores atléticos, el deporte es un trayecto, tanto metafórico como literalmente. Cada vez más, los soñadores comienzan a empacar temprano. Ahora que los equipos itinerantes proliferan, la economía del deporte juvenil en Estados Unidos ha prosperado, al duplicarse durante la última década a 15.000 millones de dólares al año. Algunas familias gastan 20.000 dólares o más al año. Una gran parte de esa suma es para competencias nacionales, que hacen que los jugadores y padres se muevan de una ciudad a otra y de un hotel a otro. ¿Con qué propósito? “Intentamos conseguir becas universitarias —esa es la única razón por la que estamos aquí”, dijo Scott Wyatt, quien entrena a un equipo de básquetbol en Tennessee, a The New York Times, durante un torneo en Emerson, Georgia. Su equipo, que incluye a su hija, acababa de estar en un torneo de 800 equipos en Kentucky, e iría a otro evento en Atlanta en unos días. No importa que solo el 2 por ciento de los atletas de bachillerato obtengan becas para la universidad en EU. Si los padres están dispuestos a jugársela, las ciudades y los organizadores de torneos con gusto les construyen lugares para jugar. Emerson, un poblado de alrededor de 1.500 habitantes, recibe a más de 3 millones de visitantes al año que llegan para competencias—de béisbol, básquetbol, fútbol, voleibol y más—en su comunidad deportiva LakePoint. Y todos esos visitantes necesitan lugares para dormir y comer. Para aquellos que sí consiguen becas, el deporte itinerante es buena preparación para ir en pos de lo que sigue. Alfonzo McKinnie fue lo suficientemente bueno, como para jugar básquetbol universitario para dos escuelas poco prominentes, la Universidad del Este de Illinois y la de Wisconsin-Green Bay.Las lesiones en la rodilla no le ayudaron en el camino a su siguiente sueño, la NBA. Así que fue momento de volver a empacar, dirigiéndose primero a un equipo malo en Luxemburgo y luego, durante dos meses, con los Rayos de Hermosillo en México. El sueldo allí no lo haría rico, pero su contrato le proporcionaba un descuento del 40 por ciento en alitas de pollo en un bar deportivo, donde podía soñar un poco más, mientras veía ganar el campeonato de la NBA a los Warriors de Golden State . Surgieron más paradas, que incluyeron un tiempo en un circuito de básquetbol 3x3 que lo llevó a China, pero recorrer el mundo ha sido rentable. Ahora ya no ve a los Warriors; juega para ellos y puede pagar todas las alitas que quiere. Larry Brown,tras una larga carrera como entrenador de muchos equipos, es tan famoso por sus traslados, como por sus campeonatos universitarios, y en la NBA. Ahora, a los 78 años, deambula por el mundo, aunque aparentemente en dirección contraria. Tuvo problemas para conseguir un empleo en EU, tras verse implicado en un fraude académico en la Universidad Metodista del Sur, así que se mudó a Italia, para entrenar al equipoFiatTorino e intentar volver a abrirse paso con su trabajo. “Quiero compartir lo que sé”, expresó Brown a The Times. Y aunque los reflectores no brillantanto como a los que estaba acostumbrado, recordó lo que el granMichael Jordanle dijo tras dejar el básquetbol para probar el béisbol profesional de menor nivel. “Dijo que cuando más se divirtió fue en los viajes en autobús salir entre juegos de Ligas Menores con el equipo, deteniéndose en un área de descanso, comprando papas fritas o lo que sea”, relató Brown. “Y yo estoy experimentando eso ahora”