El debate en torno al Manifiesto de 1844


Listin Diario                                                                                     13 de Febrero 2019

  • El debate en torno al Manifiesto de 1844
Juan Daniel Balcácer
jdbalcacer@gmail.com
No es de estos tiempos el debate acerca de quién fue el autor del Manifiesto del 16 de enero de 1844, si Tomás Bobadilla o Francisco del Rosario Sánchez; tampoco la cuestión alrededor de los vocablos “separacion” e “independencia”. En el decenio de los 40, afloraron perspectivas contrapuestas entre algunos historiadores respecto del orígen del Acta de Independencia dominicana. Alcides y Leonidas García Lluberes, Emilio Rodríguez Demorizi y Vetilio Alfau Durán favorecieron la versión que atribuía a Bobadilla la paternidad del documento, mientras que Ramón Lugo Lovatón, Carlos Sánchez y Sánchez y Gustavo A. Mejía Ricart (a los que posteriormente se adhirieron José Anibal Sánchez Fernández, Francisco Antonio Avelino y Euclides Gutiérrez Félix), aseguraban que Sánchez era el autor del célebre texto. Frank Moya Pons ha escrito que el Manifiesto fue obra de Bobadilla y los trinitarios.
Primera versión.
Acaso uno de los primeros historiadores en sostener que Sánchez fue el redactor del Manifiesto del 16 de enero fue Ramón Lugo Lovatón. Para avalar su tesis, que desarrolló en su libro “Sánchez”, en dos tomos, este autor se apoyó en la obra “Historia de Haití”, del prestante historiador haitiano Thomas Madiou. Pero sucede que Madiou abrevó en una fuente dominicana no muy cristalina: el afrancesado Manuel Joaquín del Monte, consejero político de Charles Herard, con quien -dicho sea de paso- se fue para Haití en 1843. Del Monte fue quien le suministró a Madiou detalles y pormenores sobre los acontecimientos previos al 27 de febrero, y se dice que también le facilitó un documento de la época, y cuyo autor se desconoce, titulado “Sucesos políticos de 1838-1845”, en el que se da cuenta de un manifiesto que Sánchez redactó, con la ayuda de Mella, sin especificar la fecha de circulación. En ese importante documento se afirma que, en una reunión, el texto fue leído, aprobado y que del mismo se hicieron varias copias para ser distribuidas en los pueblos del norte, sur y este. Con ligeras variantes, esa fue la versión ofrecida por Madiou y la que refrendó Lugo Lovatón. Los interesados en conocer “in extenso” ese texto anónimo, que Max Henríquez Ureña atribuyó a Eusebio Puello, deben consultar el libro “Documentos para la historia de la República Dominicana, tomo II, 1946, de Emilio Rodríguez Demorizi.
Otras opiniones.
Si se toma en cuenta la extensión y riqueza teórica, política, histórica y jurídica del Manifiesto del 16 de enero, cabe preguntarse: ¿si -como se afirma- Sánchez ya lo había redactado en un texto, qué necesitad tenía de dictárselo a Manuel Dolores Galván? Cuarenta y cinco años después, Galván declaró que Sánchez le ordenó hacer “bien y de prisa tres copias del manifiesto revolucionario que él acababa de redactarÖ,  y de cuyas copias hasta ahora no ha aparecido ninguna”. Si al cabo de cuatro decenios no había aparecido copia alguna de ese manifiesto, es evidente que Galván no pudo referirse, ni se refirió, a la Manifestación del 16 de enero, que él firmó, y la cual circuló impresa en marzo de 1844. Julio Campillo Pérez considera que la redacción del famoso texto “a veces brumosa y confusa, otras hipocrática y fría” debió haber emanado “de una pluma veterana y maliciosa”, al tiempo de señalar que Sánchez, “entonces un mozo de breve pero límpida vida pública” no habría escrito semejante pieza, ya que su “estilo patriótico y vibrante se encuentra plenamente logrado en otra Manifestación, la que escribió del 20 de enero de 1861Ö” (Cf. “La constitucionalidad en Santo Domingo, 1492-1984”). Por su parte, Víctor Garrido estimó innecesario debatir en torno al autor del Manifiesto porque se trató de  “una obra colectiva”. En relación con el vocablo “separación”, que abunda a lo largo del texto, el historiador Garrido consignó que era algo natural, debido a que para esa época en Santo Domingo casi nadie usaba la palabra “independencia”; vocablo que además se hallaba implícito en el concepto de soberanía. “Ningún pueblo -concluyó- puede ser soberano si no es independiente”. (Ver “La Manifestación del 16 de enero” y “Análisis  del documento Sucesos Políticos 1838-1846”, en su libro “Espigas históricas” (1972).