El canto de un gallo molesta a los vacacionistas


The New York Times                                                                                    13 de Julio 2019


SAINT-PIERRE-D’OLÉRON, Francia — El gallo estaba molesto y no se encontraba en su mejor momento. Se pavoneó, cacareó y esponjó su plumaje.Pero no cantó. “Se fijan, está muy estresado”, aseguró su dueña,Corinne Fesseau. “Yo estoy estresada,así que él está estresado. Yani siquiera canta”.La mujer levantó a Maurice y lo abrazó. “Es solo un bebé”,agregó. Maurice se ha convertido en el ave más famosa de Francia, símbolo de un eterno conflicto, entre aquellos para quienes la campiña francesa es meramente un telón de fondo para unas vacaciones placenteras, y la gente que en realidad vive allí. Maurice y su dueña están siendo demandados por unos vecinos. Se trata de vacacionistas de verano que, al igual que otros miles más, vienen por unas cuantas semanas al año a Saint-Pierre-d’Oléron, el poblado principal en una isla frente a la costa occidental de Francia, llena de pantanos. Estos vecinos, una pareja jubilada de la ciudad principal cercana de Limoges, dicen que el gallo hace demasiado ruido y los despierta. Quieren que un juez ordene su retiro. Pero para decenas de miles de personas en toda Francia que han firmado una petición a favor del gallo, y para muchos alcaldes de ciudades pequeñas, Maurice se ha convertido en una causa nacional. El gallo galo cantarín debe ser protegido, afirman.El animal tiene derecho a cantar, la campiña tiene derecho a sus sonidos y los forasteros no son quiénes para dictar sus costumbres a los habitantes rurales. Fesseau, una mesera jubilada que ahora es cantante de baladas, ve las cosas principalmente desde la perspectiva de Maurice. “Un gallo necesita expresarse”, afirmó. El alcalde de esta minúscula capital isleña, Christophe Sueur, ve una amenaza más grande. “Tenemos valores franceses que son clásicos, y hay que defenderlos”, señaló. “Una de estas tradiciones es tener animales de granja. Si vienen a Oléron, tienen que aceptar lo que hay aquí”. En el verano, la población normal de la isla de 22.000 puede multiplicarse por 20. “Una minoría quiere imponer su estilo de vida”, señaló el alcalde, al recordar que algunos veraneantes, incluso habían exigido silenciar las campanas de la iglesia. La pareja de Limoges, JeanLouis Biron y Joëlle Andrieux, han solicitado a un juez que haga que Fesseau y su esposo detengan “las molestias constantes de la instalación de su gallinero, y en particular el canto de Maurice, el gallo”. Insisten en que el entorno es urbano, por lo que Maurice no tiene derecho a cantar. “Urbano” parece una exageración. La pequeña casa de Fesseau, con persianas de color azul brillante, está ubicada en las orillas de este pueblo tranquilo de 6. 700 habitantes. El abogado de la pareja, Vincent Huberdeau, indicó que sus clientes construyeron su casa hace unos 15 años y habían disfrutado unas vacaciones pacíficas, hasta que Fesseau instaló su gallinero en 2017. “Las han retratado como personas hostiles hacia la naturaleza”, dijo Huberdeau. “Pero, para nada es así. No tienen nada en contra del mundo rural”. Renaud Morandeau, un pescador que vive al lado, resumió las cosas sin rodeos. “Nunca lo he oído”, declaró. “Ni siquiera entiendo por qué tanto alboroto. “Yaunque lo hubiera escuchado, qué importa, es un gallo”, añadió.