Reconsiderando el valor del tiempo


The New York Times                                                                                   13 de Julio 2019

Cómo pasar el tiempo es una pregunta más importante que cómo gastar el dinero. El tiempo es un recurso no renovable. Quienes creen no tenerlo suficiente podrían recurrir a una opción, poco saludable, para exprimirle unos minutos de trabajo adicional al día. “Esto va a sonar como un chiste, pero no lo es”, dijo un gerente a Adam Grant, en un curso de liderazgo que estaba impartiendo. “Mi única idea es beber menos agua para no tener que ir tantas veces al baño”. Grant señaló que esta forma de pensar lo convenció de que la administración del tiempo no beneficia a la gente ocupada sino que, más bien, es parte del problema. “Vivimos en una cultura obsesionada con la productividad personal”, escribió Grant, un psicólogo organizacional, en The New York Times. En vez de gestionar nuestro tiempo, la gente debería administrar su atención, porque eso nos ayuda a priorizar las cosas que son importantes, aconsejó. “La productividad no es una virtud”, escribió Grant. “Es el medio para alcanzar un fin. Solo es noble si el fin vale la pena”. Esforzarse por algo, así sea noble o no, no sirve de mucho, comentó Olga Mecking, una periodista de los Países Bajos. Afirmó que la gente necesita empezar a valorar el “niksen”, que en holandés significa no hacer nada. Estar ocupado “rara vez es el indicador de estatus que hemos llegado a creer que es”, escribió en The Times. “No obstante, el impacto es real, y los casos de agotamiento, trastornos de ansiedad y enfermedades relacionadas con el estrés van en aumento”. Quienes quieran ir menos veces al baño para poder ser más productivos, podrían tener otra palabra para describir el término “niksen”: pereza. Sin embargo, Mecking tildó esto como una tontería. Afirmó que dedicar un tiempo considerado y consciente a mirar fijamente por una ventana o ver las olas estrellarse en la costa es beneficioso —especialmente para la gente ocupada. La investigación realizada por Sandi Mann, una psicóloga en el Reino Unido, ha revelado que el ocio total “literalmente nos vuelve más creativos y mejores para resolver problemas y generar ideas creativas”. Una pequeña isla en Noruega, justo al norte del Círculo Ártico, tiene una sugerencia más radical sobre qué hacer con el tiempo: deshacerse de él. Del 18 de mayo al 26 de julio, el sol nunca se pone en Sommaroy, reportó The Times. Esto hace que el concepto del tiempo parezca fluido para sus 350 residentes, que han iniciado una campaña para vivir, en lo que podría ser la primera zona del mundo, “libre de horario”, durante esos 69 días. Kjell Ove Hveding encabezó el movimiento “Detengamos el tiempo”, que fue aprobado en un foro abierto del ayuntamiento en mayo y enviado al Parlamento nacional en Oslo. En el caso de que el plan avance, esto significaría “prescindir de los relojes, fechas límites y horarios de servicio, y decir adiós a las normas prescritas de hacer ciertas actividades, como cenar o irse a dormir, a horas determinadas”. Pero no se emocione demasiado: la ausencia de tiempo no se aplicaría a los trabajos o las escuelas. Se trata más de la mentalidad. Hveding dijo a The Times que el pueblo no quiere que la manera en que funcione el resto del mundo influya en ellos. “Cuando tienes la posibilidad de simplemente ser impulsivo, te sientes vivo”, declaró. ROBB TODD