Amorgos, la Formentera de las islas griegas


MSN                                                                                                  02 de Agosto 2019
Atardecer en la bahía de Katapola, en Amorgos
Más de 30 millones de turistas visitan cada año Grecia, un país único en el mundo por su oferta combinada de restos arqueológicos milenarios, clima y gastronomía mediterráneos y playas paradisíacas. Con permiso de la abarrotada Atenas, el destino más popular es el archipiélago de las Cícladas, un universo de más de 200 islas diseminadas en el centro delmar Egeo que tienen algunas cosas en común –sus playas de arena blanca, el mar cristalino y algunos de los monumentos históricos mejor conservados del mundo– y muchos otros atractivos que hacen singulares a cada uno de estos islotes rodeados de aguas turquesas.
En las Cícladas, el visitante puede escoger entre múltiples experiencias vacacionales. Las más populares son de sobra conocidas: las incomparables postales para enamorados que ofrecen las puestas de sol en los pueblos de casas blancas incrustados en los acantilados de Fira y Oia, en Santorini; la fiesta sin fin de la agitada Mykonos; las ruinas romanas y los coloridos pueblos de pescadores de Milos; o la variada oferta para la práctica de deportes acuáticos –especialmente de submarinismo, pero también de kitesurf y windsurf– en las bahías de Naxos y Paros.
El paisaje seco y árido contrasta con sus aguas turquesas, donde se rodó el filme francés ‘El gran azul’
Quienes busquen alejarse de las aglomeraciones y el turismo masivo del circuito habitual sin renunciar al encanto de los pueblos tradicionales y la esencia de la cultura griega tienen su refugio ideal en Amorgos. La más oriental de las Cícladas es también una de las más extensas, aunque poco poblada (1.800 habitantes) y escasamente concurrida incluso en los meses de verano.
En el pequeño puerto de Katapola no atracan cruceros y los ferris llegan a cuentagotas. Diríase que está hecho a medida de esta ínsula inhóspita, de terreno árido y servicios limitados. Un remanso de tranquilidad ideal para senderistas poco exigentes, amantes de la naturaleza abrupta y exploradores casuales de sus 120 km2de montañas escarpadas y laderas empinadas que esconden maravillas arquitectónicas como el monasterio Panagia Hozoviotissa, que aparece por sorpresa ante el excursionista, suspendido de un acantilado.
En Amorgos no ha lugar para las comodidades, pero tampoco se requieren. Al forastero, seducido por la armonía de esta tierra agreste, le resultarán idóneas las modestísimas pensiones de la capital, Jora (Chora), con sus calles laberínticas, estrechas y empedradas; le bastará cualquiera de las motocicletas desvencijadas que se ofrecen para recorrer los poco más de 40 km de carreteras con pendientes imposibles, en cuyas cimas descubrirá paisajes inolvidables. Tal vez el azar le conduzca a alguna playa desierta dominada por una minúscula ermita, como Aggia Anna, con sus fondos transparentes y plagados de peces; o acaso, en su búsqueda de una panorámica única para disfrutar de la puesta de sol, descubra, en el extremo sur de la isla, cerca de la playa de Kalotaritissa, los restos del naufragio del Olympia, que inmortalizó Luc Besson en El gran azul.