Construyen aulas de clases con desechos de plástico


The New York Times                                                                             10 de Agosto 2019

ABIDJAN, Costa de Marfil — Salió de casa antes del amanecer. Sus cuatro hijos aún dormían en su casa de bloques de cemento en Abobo, un laberinto de tiendas y casas, cuyos moradores son trabajadores portuarios, taxistas, obreros de fábricas y vendedores callejeros. Ella y una amiga cruzaron hacia el lujoso vecindario de Angré y recolectaron desechos de plástico en bolsas que colgaban de sus hombros. Mariam Coulibaly es parte de una legión de mujeres en Abidjan, que se ganan la vida recolectando desperdicios plásticos y vendiéndolos como material reciclable. Ahora son parte integral de un proyecto, que convierte la basura en ladrillos de plástico para construir escuelas en todo el país. Están trabajando con una compañía colombiana para convertir los desechos plásticos en un bien, que ayudará a las mujeres a tener un medio de vida decente, mientras limpian el medio ambiente y mejoran la educación. “Los compradores actuales no nos pagan bien”, dijo Coulibaly. “Esto nos ayudará”. En el último año, la empresa ha construido nueve aulas de demostración. Las primeras escuelas fueron construidas con ladrillos importados de Colombia. Pero en los próximos meses, una fábrica, que ahora se construye en Abidjan, comenzará a producir los ladrillos. El proyecto fue idea de Aboubacar Kampo, que acaba de culminar un periodo como representante de Costa de Marfil ante Unicef. Él reclutó a Conceptos Plásticos, una compañía de reciclaje, con fines de lucro, que tiene la misión de construir viviendas y crear empleos para la gente pobre. Las nuevas aulas de ladrillos de plástico eran muy necesarias. Algunos salones de clases actualmente están atiborrados con 90 estudiantes, según el ministro de educación del país. Conceptos Plásticos tiene un contrato con Unicef para entregar 528 aulas para albergar a 26. 400 estudiantes, a 50 alumnos por salón. Hasta este año, los niños del pueblo de Sakassou iban a la escuela en un edificio de adobe y madera. El adobe se erosiona por el sol y la lluvia, y debe repararse constantemente. Pero las tres nuevas aulas de plástico podrían durar prácticamente para siempre. Los ladrillos que se entrelazan parecen piezas de Legos negros y grises. Son resistentes al fuego y se mantienen frescos en el clima caliente. El proyecto sería imposible sin las habilidades organizadoras de Coulibaly, presidenta de una asociación comunitaria de 200 mujeres llamada “Las luchadoras”. El salario mínimo oficial del país es, aproximadamente, 25 dólares a la semana, aunque muchas personas ganan mucho menos. La mujeres que recolectan plástico dicen que ganan entre 8.50 y 17 dólares semanalmente. Cuando empiecen a venderle a la fábrica,podrían duplicar o triplicar sus ingresos, señala la compañía. Esto porque la fábrica comprará tipos de plástico, como envases de bocadillos y piezas de teléfonos celulares, que las mujeres ahora no pueden vender.