El norte de Tailandia, en versión original


MSN                                                                                                  24 de Agosto 2019

© Proporcionado por Unidad Editorial
De la ruta de los templos de Chiang Mai a la autenticidad de los restos arqueológicos de Sukhothai.
Clases de yoga que prometen la calma budista, spas donde se replican técnicas tailandesas, casas de veraneo con un Buda en el jardín... Este movimiento espiritual está tan arraigado en Occidente que conviene un viaje a una de sus cunas para comprenderlo y experimentarlo en versión original.
El norte de Tailandia es un buen epicentro de esta energía gracias a sus relucientes templos budistas, sus parques arqueológicos Patrimonio de la Humanidad y las vibraciones de su vida callejera, con notas de mercados nocturnos y sabores contundentes.
Doi Suthep es el imprescindible, pero un viaje por Chiang Mai le llevará también a los templos budistas de Wat Phra Singh, con uno de los Budas más venerados del país; Wat Chedi Luang, con una pagoda afectada por un terremoto pero de una magnificencia asombrosa o a filosofar con los monjes en Wat Ban Den, donde la foto del templo con su reflejo en el agua es un must de los instagramers.Chiang Mai, conocida como la Rosa del Norte, es la segunda ciudad más importante de Tailandia tras Bangkok. Antigua capital del Reino Lanna, su esplendor se respira en los más de 300 templos de la provincia. Si solo tuviera oportunidad de ver uno, sus pasos descalzos (para entrar en los templos hay que quitarse el calzado) deambularían por Wat Doi Suthep o, mucho más fácil, el Faro de Chiang Mai, sobrenombre que recibe por su ubicación en lo alto de una montaña. Ser iluminado por este particular faro dorado obliga a coger un funicular o ascender los 306 peldaños que culminan en el recinto. No imagine un "wat" como una única construcción, pues en estos complejos espirituales conviven desde las pagodas, donde se guardan las reliquias de Buda, hasta el bot, donde los monjes son ordenados. Sus túnicas anaranjadas deambulan entre turistas, ofrendas en el suelo y el místico tintineo de las campanas y las ceremonias.
Espíritu y cuerpo
El norte de Tailandia alimenta el espíritu y el cuerpo... De él se encargan en algunos de los centros de masajes más exclusivos como Oasis Spa, donde es posible elegir entre un contundente masaje de más de una hora tailandés u otros basados en la aromaterapia para los occidentales menos atrevidos.
Estimulante es también un paseo por los mercados de esta región norteña. Puede empezar por Waronot, el de abastos, y a continuación sumergirse en el vibrante mercado nocturno, con todo tipo de puestos. La meta final es una de las puertas de los restos de muralla que quedan en la ciudad antigua. Después puede rendirse a la gastronomía local, basada en la carne, los noodles, el arroz y las sopas. De beber, cerveza local fría como Chang o Singha.
En Chiang Mai encontrará hoteles que parecen templos en sí mismos por su esplendor y arquitectura como Dhara Dhevi, pero puede seguir inspeccionando el norte más rural y menos ostentoso en Lisu Lodge, con cabañas de fibra vegetal regentadas por vecinos de una aldea lisu de la zona. Aquí la exclusividad es despertarse en mitad de la naturaleza, desayunar con un buen libro en el porche o pasear al atardecer por la laguna de nenúfares.
Estrés cero, tranquilidad uno. Puede seguir marcando goles a la ansiedad en la cercana plantación de té de Araksa, donde le explicarán cómo el clima ayuda a producir uno de los mejores tés del país y donde los visitantes pueden convertirse en recolectores por un día, antes de probar el brebaje que los maestros del té, seguramente con más brío que los turistas, han seleccionado.
El esplendor del norte no termina en Chiang Mai. De ruta a los designios de la Unesco, puede detenerse en Lampang, donde la forma más tradicional de contemplar sus casas de teca y el exterior de sus talleres de cerámica es en coche de caballos. Parada técnica antes de llegar a la joya de la corona, los parques arqueológicos de Sukhothai y Si Satchanalai.
El primero data del siglo XIII y está en el primer reino tailandés verdaderamente independiente. El parque tiene 70 metros cuadrados con estructuras que solían ser palacios, templos y casas. Si no se dispone de todo el día para descubrirlo, no hay que perderse los principales templos Wat Mahathat y Wat Si Chum. Menos concurrido es Si Satchanalai, famoso por albergar otro importante Parque Histórico y producir tejidos tailandeses hechos a mano.
En ambos parques es especialmente atractiva la visita al anochecer, cuando los gigantescos Buda se iluminan. Al día siguiente puede coger un vuelo al sur, a Krabi, para disfrutar de unos días de playa y mirar al futuro, como las esculturas de Buda, que fijan sus ojos hacia la salida del sol.