Plasma hiperinmune: una esperanza que corre por las venas de pacientes convalecientes

Listin Diario
La Vida martes, 12 de mayo de 2020
Jaclin Campos
Santo Domingo, RD
El plasma es la parte líquida de la sangre y en él circu­lan glóbulos rojos, blancos y plaquetas, además de componentes que defienden el organis­mo contra patógenos como bacterias y virus.
Debido a esta última ca­racterística, muchos inves­tigadores han vuelto la mi­rada hacia esta sustancia amarilla, que se estudia co­mo una de las alternativas de tratamiento contra la enfermedad por coronavi­rus 2019 (COVID-19).
Se espera que el pacien­te que se recupera de una enfermedad como la CO­VID-19 desarrolle anti­cuerpos específicos contra el coronavirus que la pro­duce y que en su plasma sanguíneo haya, durante un cierto tiempo, una alta concentración de esos an­ticuerpos.
Ese plasma rico en anti­cuerpos, que se conoce co­mo plasma hiperinmune o plasma de paciente con­valeciente, se aplicaría a otros enfermos para ayu­darlos a desarrollar su in­munidad y combatir la en­fermedad.
Pero la terapia con plas­ma hiperinmune no es nueva. El hematólogo Só­crates Sosa, director del Hemocentro Nacional, se­ñala que se conoce y em­plea desde hace alrededor de un siglo.
“Ahora se está volvien­do a poner sobre el tapete después de que en Wuhan, China, hicieron la prue­ba con cinco pacientes de COVID-19”, comenta So­sa. “Un estudio con cin­co pacientes no te puede arrojar resultados conclu­yentes, pero como es una enfermedad nueva, todo lo que se haga va a ser visto con buenos ojos y con una lupa. Después de ahí, hay países que han ido incre­mentando su uso y han ido incorporándolo como par­te de la terapia en el mane­jo de los pacientes con CO­VID-19”.
Corea del Sur se encuen­tra entre los países que aplican esta terapia, mien­tras que en España recién se anunció la implementa­ción de un protocolo de in­vestigación con alrededor de 280 pacientes.
Sosa aclara, no obstan­te, que se trata de una te­rapia experimental. Pue­de mostrar efectividad en unos casos, pero ante una enfermedad nueva la co­munidad médica y científi­ca se encuentra en una fase de ensayo-error.
En República Domini­  cana, el Ministerio de Sa­lud Pública emitió una re­solución que establece las condiciones para el uso del plasma hiperinmune en pacientes con COVID-19. Debe hacerse en el marco de un protocolo de investi­gación revisado por el Con­sejo de Bioética.
Además, señala So­sa, “la terapia con plasma no puede sustituir en este momento la terapia con­vencional que ya se está haciendo”. Si un medica­mento muestra eficacia contra la enfermedad y sus síntomas, se puede añadir el plasma hiperin­mune, pero no desconti­nuar el tratamiento con­vencional.
Recolección y aplicación
Para su uso terapéutico, el plasma tiene que pasar por pruebas de seguridad y compatibilidad. “El plas­ma tiene que ser tratado tal cual se trata la sangre”, afirma Sosa, quien aña­de que la recolección debe hacerse con un equipo de plasmaféresis, no median­te el centrifugado de una bolsa de sangre.
De acuerdo con Sosa, en la mayoría de los estu­dios que se llevan a cabo actualmente en el mundo se colecta el plasma en las dos o tres semanas poste­riores a la segunda prueba PCR en la que el donante da negativo por coronavi­rus.
Pero no todos los pa­cientes convalecientes son aptos para la donación. “No todo el mundo posee la cantidad de anticuerpos neutralizantes como para que ese plasma pueda ser­vir”, explica el médico.
“Tenemos la limitación de que en el país no hace­mos, o no todo el mundo lo está haciendo, la determi­nación de anticuerpos neu­tralizantes de COVID-19. Porque, necesariamente, el que me haya dado CO­VID-19 no quiere decir que todos los anticuerpos que hay en mí tienen la capaci­dad para frenar, para neu­tralizar, ese virus”.
Las características de los enfermos que podrían recibir plasma de pacien­tes convalecientes varían. Mientras que en China se aplicó en pacientes en es­tado crítico, el estudio que se llevará a cabo en Espa­ña contempla incluir a per­sonas que por su condición de salud tengan alto ries­go de presentar un cuadro grave de la enfermedad producida por el nuevo co­ronavirus.
Respecto a las dosis, So­sa indica que unos inves­tigadores aplican dos do­sis distintas de 200 cc cada una, mientras otros plan­tean que una sola dosis de 300 cc posee la carga de anticuerpos suficiente pa­ra ayudar al receptor a de­sarrollar su inmunidad.