¿Condenan las Iglesias la cremación?

Listin Diario
La Vida martes, 16 de junio de 2020
  • ¿Condenan las Iglesias la cremación?
    Aunque la Biblia, libro sagrado de los cristianos, no contiene una prohibición explícita, “en su contexto histórico sí hay una prohibición implícita”, asevera el pastor y teólogo Tomás David Reyes. ISTOCK
  • ¿Condenan las Iglesias la cremación?
Jaclin Campos
Santo Domingo
Ante el escaso número de familias que, según las funerarias, siguen la recomendación de Salud Pública de preferir la cremación de los cuerpos de las personas fallecidas por covid-19, se han citado como razones principales el costo y las creencias religiosas de un pueblo eminentemente cristiano.
Pero la realidad es que distintas ramas cristianas predominantes en el país no tienen una posición oficial a favor o en contra de la cremación.
Concuerdan en que en su libro sagrado, la Biblia, no existe una prohibición explícita de la incineración de los difuntos. De modo que no aprueban ni desaprueban tal práctica, y dejan la decisión en manos del creyente.
Como consecuencia, entre la feligresía de distintas Iglesias las opiniones sobre la cremación varían. En un pequeño sondeo abierto realizado por Listín Diario entre individuos que se definen como cristianos o como personas de fe, la mayoría mostró su aceptación a este procedimiento.
Su entendimiento acerca de la dignidad del cuerpo humano y su creencia en una resurrección futura condiciona la posición de cada institución y de sus miembros.
ARGUMENTOS A FAVOR Y EN CONTRA
Quienes dijeron estar a favor de la cremación adujeron razones diversas:
- “La cremación solo acelera el proceso de volver al polvo decretado por Dios”. 
- “El cuerpo es corruptible y lo importante es el alma”.
- “El cristiano tiene la esperanza de resucitar, pero con un cuerpo transformado”.
- “El Dios que formó al hombre del polvo tiene poder para hacerlo de nuevo”.
Quienes tuvieron una opinión en contra también dieron sus argumentos:
- “Es tratar el cuerpo humano igual que la basura”.
- “Solo Dios debe disponer del cuerpo que creó”.
- “El cuerpo es templo del Espíritu Santo”.
- “Es una práctica asociada a ritos paganos” (es decir, a religiones no cristianas).
- “Enterrar a un difunto es un acto de misericordia corporal”.
UNA “DESHONRA” AL CUERPO
Entre maestros y líderes de las denominaciones evangélicas no existe consenso sobre este asunto. ¿La razón? El libro sagrado del cristianismo no lo aborda de forma explícita.
Pero el pastor y teólogo Tomás David Reyes asegura que en la Biblia hay enseñanzas explícitas y otras implícitas, y considera que en este segundo grupo se encontraría lo relativo a la incineración.
En la cultura hebrea, donde se originan la Biblia y el cristianismo, lo que se somete al fuego tiene connotación de impuro, pagano y abominable ante Dios.
Aún hoy, de hecho, el Judaísmo prohíbe terminantemente la cremación.
En la Biblia aparecen dos casos de personas cuyos restos fueron pasados por fuego. En un caso se condena a un pueblo por haber calcinado los huesos de un rey hasta convertirlos en cenizas (Amós 2:1). Los cuerpos de otro rey y sus hijos fueron quemados, pero no hasta consumir los huesos, que fueron entonces sepultados (1 Samuel 31).
Según Reyes, la preservación de la osamenta expresa la confianza del creyente de que Dios cumplirá sus promesas de bendición y de resurrección. Mientras que, como parte del proceso de cremación, algunos huesos podrían triturarse tras ser incinerados para así obtener unas cenizas de textura más fina y uniforme.
“El cuerpo es templo del Espíritu Santo, es la corona de la creación, y quemar un cuerpo en esta cultura significa una deshonra y una abominación; uno está diciendo que lo que Dios hizo es una basura y que, por tanto, debe ser tirado al fuego. Enterrarlo es una entrega a Dios, que fue quien lo hizo, para que Él disponga del cuerpo”, argumenta Reyes, doctor en teología y cultura hebrea y rector en el país de la Redime Christian University.
Las denominaciones evangélicas, dice, deberían fijar una posición al respecto y no dejar que sus miembros, que en muchas ocasiones carecen de conocimiento teológico, tengan que tomar la decisión solos y hacerlo atendiendo más a factores económicos o sentimentales que a argumentos bíblicos.
“La Biblia no habla de no quemar el cuerpo, pero en su contexto histórico sí hay una prohibición implícita”, asevera.
¿CREMAR? PUEDE SER; ¿ESPARCIR LAS CENIZAS? NUNCA
La Iglesia católica ha fijado su parecer respecto al acto de reducir los cuerpos a cenizas. Lo hizo el 15 de agosto del 2016 en la instrucción Ad resurgendum cum Christo (Resucitar con Cristo).
La institución “recomienda insistentemente” que los cuerpos de los difuntos sean inhumados o sepultados porque con ello se demuestra “mayor aprecio” y se expresa de “forma más adecuada” la esperanza de la resurrección.
No obstante, no ve “razones doctrinales” para prohibir la cremación, “a no ser que haya sido elegida por razones contrarias a la doctrina cristiana”.
¿Qué usos sí ha vetado el Vaticano? Conservar las cenizas en el hogar o dividirlas entre varios miembros de la familia (a fin de evitar, entre otras cosas, “prácticas inconvenientes o supersticiosas”), dispersarlas en aire, mar o tierra (para evitar “cualquier malentendido panteísta, naturalista o nihilista”) o transformarlas en recuerdos conmemorativos.
A LA LUZ DE LA RESURRECCIÓN, ES “IRRELEVANTE”
La Iglesia Adventista del Séptimo Día nunca ha adoptado una posición teológica oficial a favor o en contra de la cremación. La afirmación la hacen desde su Departamento de Comunicaciones.
Sin embargo, a partir de su comprensión bíblica de la muerte y la resurrección, consideran “irrelevante” el tema de si la persona es sepultada o incinerada al morir.
“Según las Escrituras, al morir las personas quedan en un estado inconsciente hasta la segunda venida de Cristo (Eclesiastés 9: 4-6, 10; Juan 11:24; 1 Tesalonicenses 4:13-18)… No importa cómo alguien haya muerto o qué haya ocurrido con sus restos, el mismo Dios que creó el mundo de la nada y que creó al ser humano del polvo de la tierra, tiene el poder para levantarlo de la muerte”, explican.
Esta Iglesia tiene presencia en más de 200 países, y eso implica que sus miembros viven, adoran y predican en culturas muy diversas.
Por tanto, “cuando se trata de asuntos que la Biblia no ordena ni prohíbe explícitamente (como el caso de la cremación), la Iglesia respeta las decisiones que cada miembro o familia tome, según la preferencia personal o las costumbres culturales de su región o país”.
TOMANDO EN CUENTA LAS LEYES LOCALES
Desde el punto de vista religioso y dogmático, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no alienta a sus miembros a cremar a los muertos, pero tampoco se lo impide.
No se considera un pecado. Cuando los miembros optan por la cremación, incluso en la misma Iglesia, si fuere necesario, se prestan sus facilidades, edificios o sus ministros ofician esos funerales, como lo harían en el caso de un miembro que opte por un funeral tradicional”, informa Néstor Saldívar, del departamento de Comunicación.
La familia del difunto debe decidir si incinerar o no el cuerpo -prosigue- teniendo en cuenta las leyes locales que rijan los entierros o la cremación, pues en algunos países la ley exige que se incineren los cuerpos.
“De ser posible, el cuerpo de un miembro fallecido que haya sido investido debe vestirse con la ropa del templo cuando sea incinerado. La investidura es una ceremonia sagrada que se realiza en los templos de la Iglesia de Jesucristo, la cual otorga a quien la recibe bendiciones y conocimientos en cuanto al plan de salvación de Dios”, informa.
“ES UNA DECISIÓN PERSONAL O FAMILIAR”
En la sección Enseñanzas Bíblicas de su portal oficial, los Testigos de Jehová abordan la cuestión de la incineración del cuerpo.
“La Biblia no habla de manera concreta sobre la práctica de la cremación o incineración”, afirma el artículo “¿Qué dice la Biblia sobre la cremación?”.
“Recurrir o no a la cremación es una decisión personal o familiar”, expresa en otro artículo.
Para decidir qué hacer con el cuerpo de un fallecido, la institución recomienda tomar en cuenta factores como los deseos del difunto, las costumbres y leyes locales, así como los sentimientos de otras personas.