Malos augurios

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El Deporte sábado, 27 de junio de 2020
  • Malos augurios
Mario Emilio Guerrero
megkrantz@hotmail.com
La huelga de 1994 resultó catastrófica para el béisbol de las Grandes Ligas. Ese año los fanáticos fueron testigos de como la campaña terminó abruptamente el 12 de agosto, lo que impidió que se pudiera jugar la postemporada, incluyendo la Serie Mundial. La decepción fue enorme, el público se alejó de los estadios y el interés por el béisbol descendió a cotas insospechadas. Sin embargo, cuando todo indicaba que restaurar la popularidad supondría un esfuerzo de mucho tiempo, surgieron quienes lograrían el milagro de devolver al juego el entusiasmo perdido, y tan sólo 4 años después de la catástrofe.
Fueron Mark McGwire y Ken Griffey Jr., quienes se encargarían, con su producción jonronera, de encender la chispa en los primeros dos meses de 1998. En junio se unió a la guerra de los cuadrangulares, un tercer contrincante, el dominicano Sammy Sosa, pero como Griffey jr. quedó rezagado a finales de agosto, la carrera tras el récord de 61 jonrones de Roger Maris sólo tuvo dos competidores en el mes final de la campaña.
Fue un septiembre histórico, en que la batalla entre Sosa y McGwire captó la atención del público a un nivel tal, que la fascinación por sus hazañas trascendió el béisbol y asombró a personas de todo el planeta. El extraordinario carisma de Sosa fue un imán que atrajo a los aficionados, que cayeron seducidos por sus gestos y besos cada vez que conectaba uno de sus cuadrangulares.
Al final, el mundo beisbolero quedó postrado ante estos dos hombres, que con sus batazos kilométricos consiguieron que el béisbol se sacudiera del letargo en que quedó sumido a partir de 1994. Actualmente estamos viviendo días oscuros, con una temporada que no tiene fecha de inicio debido a un nuevo conflicto de intereses económicos entre dueños de equipos y jugadores.
Los presagios no son halagüeños porque a finales de este año concluye al actual convenio de trabajo entre las partes y la disputa podría agravarse aún más, al punto de que el fantasma de una nueva huelga se cierne sobre la próxima temporada como la espada de Damocles. Si los malos augurios se cumplen, ¿aparecerán héroes al estilo de Sosa y McGwire para rescatar al béisbol? Eso está por verse, porque difícilmente un rayo puede caer dos veces en el mismo sitio.