Ser un armador ayuda para luego dirigir en baloncesto

 Listin Diario

El Deporte jueves, 10 de septiembre de 2020

La constante comunicación con el entrenador, el conocimiento del juego, de los compañeros y el manejo de las jugadas en la cancha lo preparan con anticipación para el rol.

  • Ser un armador ayuda para luego dirigir en baloncesto

    Steve Nash

  • Ser un armador ayuda para luego dirigir en baloncesto
  • Ser un armador ayuda para luego dirigir en baloncesto
Alex Rodríguez
rodriguezalexandro@yahoo.es
Santo Domingo, RD

La contratación de Steve Nash, sin ningún tipo de experiencia, como entre­nador de los Nets de Bro­oklyn en el baloncesto de la NBA, pone sobre el ta­pete, una vez más, la al pa­recer notable facilidad con la que un exarmador pue­de convertirse en dirigente de baloncesto.

Aunque han salido vo­ces disidentes que han in­troducido el actual tema racial, la verdad es que el fenómeno es llamativo so­bre todo si se trata de un jugador que ha tenido éxi­to en la posición número uno.

“Es que como armado­res, al igual que el catcher en el béisbol, llamamos las jugadas, la mayoría somos líderes y estamos en co­municación con el coach, con los demás jugadores y hasta con los árbitros”, dice Eduardo Gómez, in­mortal de deporte domi­nicano, quien ha dirigido a nivel de escuela secunda­ria en los Estados Unidos.

Y es que el caso no solo se está dando en el máxi­mo nivel de competencia del baloncesto. La Repú­blica Dominicana no es la excepción y muchos de los más destacados arma­dores de los últimos tiem­pos ahora ocupan el lugar de dirección al lado del banco.

“Parece que influye ser armador en el baloncesto tanto de la FIBA como en la NBA. Pero creo que tam­bién depende de la forma en la que ejercites la posi­ción”, añade Joel Ramírez, uno de los casos más re­cientes de un exitoso nú­mero uno convertido en dirigente en el campo.

Brown y Wilkens
Larry Brown, campeón co­mo entrenador en la NBA y la NCAA, y Lenny Wi­lkens, integrante del Salón de la Fama como jugador y entrenador, son dos de los principales ejemplos exito­sos en el baloncesto mun­dial.

“Creo que es la posición
que está más cerca del en­trenador”, agrega José -Bo­yón- Domínguez, líder de por vida en asistencias en el torneo de baloncesto supe­rior del Distrito Nacional y quien más veces ha servido como entrenador de la se­lección nacional de mayo­res.

La lista en el patio es grande desde la incursión de Leandro de la Cruz, pa­sando por Boyón, Maíta Mercedes, José Santos Ce­ballos, Víctor Hansen, Ri­chard Ortega, David Díaz.

“El armador es uno de los jugadores que debe co­nocer más el juego, mane­jar la mayoría de las situa­ciones en la cancha y tiene mucho contacto directo con el entrenador. Se con­vierte en un entrenador en la cancha”, destaca Díaz, uno de los principales diri­gentes en la actualidad con éxitos a nivel nacional e in­tegrante del cuerpo técnico del equipo nacional.

Otros entrenadores que fueron armadores y tuvie­ron gran éxito en la NBA fueron Red Holzman (53 por ciento de éxito con los únicos dos títulos gana­dos por la franquicia de los Knicks de Nueva York), Avery Johnson con un 57.7 por ciento de porcentaje ga­nador y Steve Kerr, tres ve­ces ganador del anillo co­mo coach de los Warriors de Golden State.

“Los armadores tienen mucho contacto con los en­trenadores y tienen bastan­te responsabilidad a la ho­ra de conducir un equipo”, dice Melvin López, entrena­dor de la selección nacional y otro que jugó la posición de armador en las catego­rías menores.

Dos excepciones
Sin embargo, siempre hay excepciones que confirman la regla como los casos de las superestrellas Magic Jo­hnson (5-11) y Isiah Tho­mas (187-223) junto a Jo­hn Lucas (173-258) que no pudieron traducir su éxito en la duela a sus entrena­dos.

“Según las circunstan­cias, el armador tiene que maniobrar para que su equipo resulte con la me­jor jugada. Es necesario que tenga liderazgo, rostro alegre, buenas relaciones humanas, conocimientos básicos de sicología, inte­ligencia. Es una especie de asistente del dirigente”, de­clara Anulfo Sánchez.

Doc Rivers, de los Cli­ppers de Los Angeles, y Mike D’Antoni, de los Roc­kets de Houston, también fueron armadores en sus días como jugadores al igual que Tyronn Lue, gana­dor del anillo con los Cava­liers de Cleveland, asistente de Rivers en la actualidad y uno de los más fuertes can­didatos para lograr muy pronto un trabajo de entre­nador principal en la NBA.

Kidd y Jackson
Ahora como asistente en los Lakers de Los Ange­les, Jason Kidd es otro de los favoritos para acceder a cualquiera de los puestos desocupados en la dirigen­cia de la NBA.

Es un caso similar al de Nash ya que menos de un año luego de su retiro en el 2013 ya estaba al frente de los Nets de Brooklyn que lo cambiaron a los Bucks de Milwaukee en julio de 2014 por un par de picks de se­gunda ronda, aunque no pudo repetir el mismo éxito que tuvo con los Nets.

Jackson, un pastor de iglesia, ha tenido problemas para regresar al frente de un club tras sentar las bases en el exitoso proyecto de los Warriors de Golden State.

Aunque no pasó de la se­mifinal de la Conferencia del Oeste en tres campañas tuvo marca de 121-109 en la vuelta regular y llevó a la postemporada a su club en sus finales dos estaciones como entrenador.

No es una regla no escri­ta, pero todo luce indicar de que a la hora de ser un en­trenador de baloncesto, el pasar un “centro” como ar­mador ayuda a conseguir el empleo y, como no, a tener éxito en el mismo.

 Ejemplos de aquí y de  allá 
Maíta Mercedes.

El integrante del Pabe­llón de la Fama es el en­cargado del programa de selecciones naciona­les y varias veces gana­dor de torneos naciona­les y del Distrito Nacio­nal.

Lenny Wilkens.
Es Salón de la Fama co­mo jugador y como en­trenador. Ganó el título de la NBA en 1978 con los Supersonics y acabó su carrera con 1,332 vic­torias.

Boyón Domínguez.
El mauriciano inmortal fue el rey de las asisten­cias en el superior distri­tal y entrenador en to­das las categorías y am­bas ramas tanto con su club como con la selec­ción nacional.

Larry Brown.
Fue una estrella como armador en la ABA de la década de 1970, pero más reconocido por su éxito como entrenador campeón en la NCAA (Kansas) y la NBA (Pis­ton de Detroit).